Primer indicio firme de atmósfera en una supertierra: el James Webb detecta una envoltura gaseosa en TOI-561 b

Un equipo internacional liderado por la Institución Carnegie, en colaboración con la NASA, ha logrado un hito histórico en la búsqueda de mundos similares a la Tierra fuera del Sistema Solar. Utilizando el telescopio espacial James Webb (JWST), los investigadores han conseguido la evidencia más convincente obtenida hasta la fecha de la existencia de una atmósfera alrededor de un exoplaneta rocoso: TOI-561 b, una supertierra ultracaliente situada a unos 280 años luz de nuestro planeta en la constelación de Hydra.
El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista The Astrophysical Journal Letters, supone un paso crucial en la exploración de planetas rocosos fuera del Sistema Solar. Hasta ahora, la mayoría de atmósferas detectadas por telescopios espaciales se referían a exoplanetas gaseosos, gigantes como Júpiter o Neptuno, cuya composición y formación distan mucho de la de los planetas interiores de nuestro sistema. Por el contrario, TOI-561 b es un mundo rocoso, aproximadamente 1,4 veces el tamaño de la Tierra y con el triple de su masa, lo que la sitúa dentro de la categoría de las denominadas «supertierres».
Un planeta extremo y primitivo
TOI-561 b orbita su estrella a una distancia tan cercana que un año dura menos de 11 horas terrestres. Esta proximidad extrema provoca temperaturas superficiales superiores a los 2.000 grados Celsius, suficientes para fundir la roca y crear un océano global de magma en la superficie del planeta. La estrella anfitriona, una enana naranja antigua y rica en metales, añade un interés especial: el sistema data de más de 10.000 millones de años, lo que lo convierte en uno de los más antiguos conocidos con planetas rocosos.
La importancia de detectar una atmósfera en un entorno tan hostil radica en que, según los modelos teóricos, la mayoría de planetas rocosos tan próximos a su estrella suelen perder rápidamente sus atmósferas originales debido a la intensa radiación estelar. Sin embargo, los datos del James Webb sugieren que TOI-561 b ha mantenido, contra todo pronóstico, una envoltura gaseosa significativa.
El papel clave del James Webb
El telescopio espacial James Webb, lanzado en 2021 y operado conjuntamente por la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense, ha revolucionado la observación de exoplanetas gracias a su sensibilidad en el infrarrojo y su capacidad para realizar espectroscopía de transmisión. En este caso, el equipo de Carnegie aprovechó el paso de TOI-561 b por delante de su estrella (tránsito) para analizar la luz estelar filtrada a través de la atmósfera del exoplaneta. Los espectros obtenidos muestran claros indicios de un velo gaseoso que rodea el planeta, aunque la composición exacta está aún por determinar.
Según los investigadores, la atmósfera de TOI-561 b podría estar formada principalmente por elementos ligeros como hidrógeno y helio, posiblemente enriquecidos con vapor de agua y otros compuestos volátiles liberados desde el océano de magma. Estos resultados abren la puerta a futuras observaciones más detalladas que permitan identificar las moléculas presentes e investigar la dinámica atmosférica de este tipo de mundos extremos.
Implicaciones para la ciencia planetaria
El descubrimiento tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de la evolución de los planetas rocosos. Demuestra que, incluso en condiciones extremadamente adversas, algunos mundos pueden retener atmósferas densas durante miles de millones de años. Este hallazgo desafía las teorías clásicas sobre la erosión atmosférica y sugiere que la interacción entre la superficie fundida y la atmósfera puede desempeñar un papel clave en la química y la estabilidad a largo plazo de estos planetas.
Además, la confirmación de una atmósfera en una supertierra tan antigua y cercana a su estrella alimenta el optimismo respecto a la diversidad de entornos planetarios en la galaxia. Si bien TOI-561 b no es habitable en absoluto, el éxito de esta observación allana el camino para estudiar atmósferas en exoplanetas templados, potencialmente más parecidos a la Tierra.
Un futuro prometedor para la exploración exoplanetaria
El avance logrado con TOI-561 b fortalece la posición del James Webb como herramienta fundamental en la nueva era de la astronomía exoplanetaria. Próximas campañas del telescopio tienen previsto analizar atmósferas de otros mundos rocosos, tanto en torno a estrellas jóvenes como antiguas, con el objetivo último de detectar signos de habitabilidad o incluso biofirmas.
En paralelo, otras iniciativas, como los lanzamientos previstos por SpaceX y Blue Origin de satélites para observación astronómica avanzada, y las misiones europeas ARIEL y PLATO, prometen revolucionar aún más el estudio de exoplanetas en la próxima década. La cooperación entre agencias públicas y empresas privadas está acelerando la búsqueda de nuevas Tierras y el conocimiento profundo de la diversidad planetaria en la Vía Láctea.
El descubrimiento de una atmósfera en TOI-561 b no solo responde a preguntas fundamentales sobre la formación y evolución de los mundos rocosos, sino que también plantea nuevos desafíos para la ciencia planetaria y la tecnología de observación. La próxima frontera será desvelar los secretos de atmósferas en planetas menos extremos, acercándonos cada vez más a responder la eterna pregunta sobre la existencia de vida fuera de nuestro sistema solar.
(Fuente: SpaceDaily)
