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Un agujero negro intermedio devora una enana blanca: el Einstein Probe capta un fenómeno sin precedentes

Un agujero negro intermedio devora una enana blanca: el Einstein Probe capta un fenómeno sin precedentes

El universo nunca deja de sorprendernos, y en esta ocasión ha sido un telescopio espacial chino, el Einstein Probe, el que ha puesto los ojos del mundo sobre un fenómeno astrofísico de enorme relevancia: la destrucción de una estrella enana blanca por un agujero negro de masa intermedia. Este evento, detectado el 2 de julio de 2025, ofrece una ventana única para entender mejor los procesos extremos que tienen lugar en las profundidades del cosmos, y plantea importantes interrogantes sobre la naturaleza y la frecuencia de los agujeros negros intermedios, una clase de objetos cuya existencia sigue siendo tema de intenso debate entre los expertos.

El hallazgo se produjo durante una de las rutinas de observación del Einstein Probe, una misión liderada por la Academia de Ciencias de China en colaboración con instituciones internacionales. Su instrumento principal, el Telescopio de Campo Amplio de Rayos X, fue el responsable de identificar una fuente de rayos X que variaba rápidamente y que destacaba de inmediato sobre el fondo habitual de emisiones cósmicas. La intensidad y la naturaleza de la señal hicieron que el equipo de científicos activase rápidamente un protocolo de alerta para observación detallada.

La fuente de rayos X detectada correspondía a una explosión de alta energía, un estallido violentísimo que, según el análisis posterior, encajaba perfectamente con la destrucción de una estrella enana blanca, una de las etapas finales de vida de las estrellas de masa baja, tras ser absorbida y destrozada por un agujero negro de masa intermedia. Este tipo de agujeros negros, con masas comprendidas entre unas pocas centenas y varios miles de veces la del Sol, son extremadamente difíciles de detectar, ya que su presencia no suele ir acompañada de los fenómenos más espectaculares que sí generan los agujeros negros supermasivos o los de masa estelar.

La destrucción de una enana blanca por un agujero negro de estas características es un fenómeno insólito. En la mayoría de los casos, los encuentros entre estrellas y agujeros negros terminan mucho antes de que el objeto compacto llegue a desgarrar completamente a la estrella. Sin embargo, en este caso, la gravedad del agujero negro fue tal que la enana blanca fue literalmente destrozada, generando una enorme cantidad de energía en forma de rayos X que fue captada por el Einstein Probe.

La observación de este tipo de eventos permite a los astrónomos estudiar el proceso de acreción —la forma en que la materia es capturada por el agujero negro— en condiciones extremas, y proporciona datos cruciales para comprender la dinámica y la evolución de estos enigmáticos objetos. Además, la confirmación de la existencia de agujeros negros de masa intermedia ayuda a rellenar un vacío fundamental en la teoría de formación de agujeros negros. Hasta ahora, la mayoría de los datos disponibles correspondían a los extremos del espectro: los agujeros negros de masa estelar, surgidos del colapso de estrellas masivas, y los supermasivos, que habitan los núcleos de la mayoría de las galaxias.

Este descubrimiento se suma a una serie de avances recientes en la astronomía de alta energía y la exploración del universo lejano. Agencias públicas y privadas de todo el mundo, como la NASA, la ESA, SpaceX, Blue Origin o la española PLD Space, están invirtiendo en nuevas herramientas para observar el cosmos en múltiples longitudes de onda. La relevancia de telescopios de rayos X como el Einstein Probe es cada vez mayor, especialmente cuando se trata de detectar fenómenos breves y energéticos como las explosiones de rayos gamma, la fusión de estrellas de neutrones o los encuentros catastróficos entre estrellas y agujeros negros.

Además, el estudio de estos eventos extremos puede arrojar luz sobre la formación de elementos pesados en el universo y sobre la distribución de los exoplanetas y otros cuerpos celestes en entornos tan dinámicos. La astrofísica moderna está cada vez más interconectada, y los datos procedentes de telescopios espaciales se combinan con observaciones desde la Tierra, como las realizadas por radiotelescopios o detectores de ondas gravitacionales.

El hallazgo del Einstein Probe no solo aporta un caso de estudio excepcional, sino que también abre la puerta a futuras investigaciones sobre los agujeros negros de masa intermedia, cuya existencia había sido hasta ahora más una cuestión teórica que empírica. Con cada nueva observación, la humanidad se acerca un poco más a desentrañar los mayores misterios del universo.

(Fuente: SpaceDaily)