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¿Un agujero negro o un océano de materia oscura en el corazón de la Vía Láctea?

¿Un agujero negro o un océano de materia oscura en el corazón de la Vía Láctea?

Una investigación revolucionaria publicada recientemente en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society está poniendo en entredicho uno de los dogmas fundamentales de la astronomía moderna: la presencia de un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea. El estudio sugiere que, en lugar de ese coloso gravitacional invisible, podría haber en su lugar una inmensa concentración de materia oscura, cuyo efecto gravitacional sería indistinguible del esperado para un agujero negro supermasivo.

El núcleo galáctico, conocido como Sagitario A*, ha sido durante décadas el principal candidato a albergar un agujero negro con una masa de aproximadamente cuatro millones de veces la del Sol. Esta conclusión se fundamenta en las trayectorias de las estrellas cercanas, que giran a velocidades vertiginosas, lo que solo puede explicarse por la presencia de una fuente de gravedad extremadamente intensa y compacta. Sin embargo, los autores de este nuevo estudio proponen una alternativa fascinante: una densa aglomeración de materia oscura podría replicar esos efectos, desafiando nuestras ideas preconcebidas sobre el corazón de nuestra galaxia.

La materia oscura, esa esquiva sustancia que constituye aproximadamente el 85% de la masa del universo, sigue siendo uno de los grandes misterios de la cosmología. No emite, absorbe ni refleja luz, y hasta ahora su existencia solo se ha inferido a través de sus efectos gravitatorios sobre la materia visible. En las últimas décadas, numerosos experimentos terrestres y observatorios espaciales han intentado detectar partículas de materia oscura, como los hipotéticos WIMPs (partículas masivas de interacción débil) o axiones, aunque sin éxito concluyente.

El equipo internacional responsable de este trabajo ha desarrollado modelos numéricos avanzados que simulan la dinámica estelar cerca del centro galáctico. Sus cálculos muestran que una concentración extremadamente densa de materia oscura, confinada en una región de apenas unos pocos años luz, podría reproducir las órbitas observadas de las estrellas S, especialmente la estrella S2, cuya trayectoria elíptica alrededor de Sagitario A* se ha monitorizado con precisión milimétrica gracias a telescopios como el Very Large Telescope (VLT) de ESO y el telescopio Keck en Hawái.

Este hallazgo plantea preguntas profundas sobre la formación y evolución de las galaxias. Si la Vía Láctea no alberga un agujero negro supermasivo, el paradigma actual sobre cómo crecen y evolucionan las galaxias podría requerir una revisión. Desde el punto de vista técnico, distinguir entre un agujero negro y una concentración compacta de materia oscura no es sencillo, ya que ambos pueden producir campos gravitatorios similares. Sin embargo, un agujero negro debería emitir radiación en forma de rayos X y ondas de radio debido a la materia que cae en su interior, mientras que una esfera de materia oscura no tendría ese tipo de comportamiento.

Este debate se enmarca en un contexto de avances extraordinarios en la exploración del cosmos. La colaboración internacional Event Horizon Telescope logró en 2019 la primera imagen de la sombra de un agujero negro en la galaxia M87, reforzando la existencia de estos objetos en el universo. Sin embargo, el caso de nuestra galaxia podría ser excepcional, lo que añadiría aún más interés a la Vía Láctea como laboratorio natural para la física fundamental.

En paralelo, las misiones y proyectos espaciales continúan ampliando nuestras fronteras. SpaceX y Blue Origin compiten por democratizar el acceso al espacio, mientras la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) desarrollan nuevos telescopios, como el James Webb Space Telescope, que ya ha comenzado a desvelar detalles inéditos sobre exoplanetas y las primeras galaxias del universo. Empresas como la española PLD Space están avanzando en el desarrollo de lanzadores reutilizables, y Virgin Galactic sigue apostando por el turismo espacial suborbital.

La cuestión del centro galáctico se une así al conjunto de grandes incógnitas de la astrofísica actual, como el origen de la materia oscura o la búsqueda de vida en exoplanetas. Resolver este enigma requerirá observaciones aún más precisas, posiblemente gracias a futuras generaciones de telescopios terrestres y espaciales, capaces de captar detalles sin precedentes del entorno inmediato de Sagitario A*.

En definitiva, la hipótesis de una concentración de materia oscura en el núcleo de la Vía Láctea desafía nuestra comprensión de los mecanismos que rigen las galaxias y abre nuevas vías de investigación en la física de lo invisible. Sea cual sea la respuesta final, lo cierto es que vivimos una época apasionante para la astronomía, en la que cada descubrimiento nos obliga a replantear nuestros conceptos más arraigados sobre el universo.

(Fuente: SpaceDaily)