Space39a

Noticias del espacio

Space39a

Noticias del espacio

Noticias

Un agujero negro supermasivo devora una estrella y lanza un chorro energético sin precedentes

Un agujero negro supermasivo devora una estrella y lanza un chorro energético sin precedentes

En uno de los fenómenos más impresionantes jamás observados en el cosmos, un agujero negro supermasivo ubicado a unos 665 millones de años luz de la Tierra ha protagonizado un espectáculo cósmico de enorme potencia. El evento, catalogado como AT2018hyz, fue detectado por primera vez en 2018, cuando astrónomos percibieron una inusual explosión de energía procedente del centro de una galaxia lejana. Ahora, tras cuatro años de seguimiento continuado, los científicos han confirmado que el agujero negro ha seguido lanzando un chorro energético que sigue intensificándose, desafiando las previsiones teóricas y batiendo récords de duración y brillo.

El fenómeno registrado es lo que los expertos denominan un evento de disrupción por marea (TDE, por sus siglas en inglés), consistente en el desgarramiento de una estrella que se aventura demasiado cerca de un agujero negro supermasivo, cuya masa puede alcanzar millones o incluso miles de millones de veces la del Sol. Las fuerzas gravitatorias extremas destrozan la estrella, formando un disco de acreción que emite cantidades colosales de radiación, mientras parte del material estelar cae en espiral hacia el agujero negro y otra fracción es expulsada al espacio a velocidades relativistas.

Lo extraordinario de AT2018hyz es la persistencia y el aumento continuo de la emisión energética, algo poco habitual en este tipo de eventos, que tienden a apagarse en cuestión de meses o, como mucho, un par de años. En este caso concreto, los datos recogidos por observatorios espaciales como el telescopio Swift de la NASA, así como telescopios terrestres en todo el mundo, han permitido monitorizar el flujo de rayos X, luz ultravioleta y radio procedentes del chorro relativista que emerge del entorno inmediato del agujero negro.

La responsable del descubrimiento inicial fue la misión Zwicky Transient Facility (ZTF), un programa de observación nocturna en el Observatorio Palomar de California, que detecta explosiones y variaciones de brillo en el firmamento. La posterior colaboración internacional ha implicado a equipos de la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y varios institutos de astrofísica de referencia. Los análisis espectrales han revelado que el chorro de partículas emitidas por el agujero negro se mueve a una velocidad cercana a la de la luz y alcanza distancias de varios años luz, interactuando con el material interestelar de la galaxia anfitriona.

Este tipo de chorros energéticos —denominados jets relativistas— son uno de los mecanismos más eficaces de transferencia de masa y energía en el universo, y se cree que juegan un papel decisivo en la evolución de las galaxias, regulando la formación estelar y dispersando elementos pesados por el espacio. Sin embargo, la física que gobierna la formación y el mantenimiento de estos chorros sigue siendo objeto de intenso debate, y AT2018hyz constituye un laboratorio natural único para poner a prueba modelos teóricos de acreción de materia y emisión de radiación en entornos extremos.

Desde el punto de vista histórico, la observación de eventos de disrupción por marea ha experimentado un auge en la última década, gracias a la proliferación de telescopios automáticos y misiones espaciales de monitorización de alta sensibilidad. Aunque la primera identificación clara de un TDE data de los años 90, la cantidad y calidad de los datos actuales permite ahora estudiar en detalle la dinámica de estos procesos, que hasta hace poco eran considerados rarezas cósmicas.

La importancia de AT2018hyz radica también en el contexto de otras investigaciones recientes sobre agujeros negros y explosiones cósmicas. Por ejemplo, la colaboración internacional Event Horizon Telescope logró captar en 2019 la primera imagen directa del horizonte de sucesos de un agujero negro en M87, mientras que misiones como la sonda europea Gaia y el telescopio espacial James Webb están proporcionando datos sin precedentes sobre la estructura y evolución de las galaxias y sus núcleos activos.

En el ámbito de la exploración espacial privada, compañías como SpaceX y Blue Origin continúan desarrollando tecnologías que, en el futuro, permitirán desplegar telescopios aún más potentes fuera de la atmósfera terrestre, abriendo una nueva era en la observación de fenómenos extremos como los TDE. En España, la empresa PLD Space trabaja en sistemas de lanzadores reutilizables que podrían facilitar el acceso a órbitas para instrumentos científicos de vanguardia. Por su parte, la NASA y la ESA ya planean la próxima generación de observatorios espaciales, como el telescopio de rayos X Athena o el observatorio LUVOIR, que tendrán la capacidad de seguir en tiempo real eventos tan energéticos y fugaces como AT2018hyz.

A medida que la comunidad científica sigue observando la evolución de este colosal chorro de energía, los hallazgos derivados de AT2018hyz prometen arrojar luz sobre los misterios más profundos de la física de los agujeros negros y su impacto en la arquitectura del universo. Sin duda, este espectáculo cósmico marca un hito en la astronomía moderna y subraya la importancia de la cooperación internacional y la innovación tecnológica en la exploración del cosmos.

(Fuente: SpaceDaily)