Una supertormenta solar reduce la plasmasfera terrestre a una quinta parte de su tamaño habitual

En mayo de 2024, la Tierra experimentó uno de los fenómenos espaciales más intensos de las últimas dos décadas: una supertormenta geomagnética, conocida como la tormenta Gannon o tormenta del Día de la Madre, que provocó una drástica reducción de la plasmasfera terrestre. Este escudo invisible de partículas cargadas, vital para proteger a nuestro planeta de las radiaciones solares más dañinas, se redujo hasta alcanzar apenas una quinta parte de su volumen habitual, según un estudio liderado por el doctor Atsuki Shinbori desde el Instituto de Investigación Medioambiental Espacial y Terrestre de la Universidad de Nagoya.
La tormenta Gannon: contexto y magnitud histórica
Las tormentas geomagnéticas son fenómenos provocados por intensas eyecciones de masa coronal y vientos solares procedentes del Sol, que impactan el campo magnético de la Tierra. Estos eventos pueden tener consecuencias tan variadas como espectaculares auroras polares, interrupciones en las telecomunicaciones e incluso daños en infraestructuras eléctricas y satélites. Sin embargo, la tormenta Gannon ha destacado por sus efectos sin precedentes en la estructura interna del campo magnético terrestre.
Durante los días 10 y 11 de mayo de 2024, las observaciones de satélites y estaciones terrestres registraron una perturbación geomagnética de magnitud no vista desde principios del siglo XXI. El evento fue el más poderoso desde la tormenta solar de Halloween de 2003, lo que suscitó el interés inmediato de la comunidad científica internacional y agencias espaciales como la NASA, la ESA y la japonesa JAXA.
La plasmasfera: barrera defensiva bajo asedio
La plasmasfera es una región ubicada en la parte interna del cinturón de radiación de la Tierra, compuesta fundamentalmente por plasma frío de baja energía. Esta ‘burbuja’ funciona como un escudo natural que protege la atmósfera y la superficie terrestre de la radiación solar más peligrosa. En condiciones normales, la plasmasfera se extiende varios miles de kilómetros en torno al ecuador magnético.
Sin embargo, el equipo dirigido por el Dr. Shinbori detectó que, durante la tormenta Gannon, el tamaño de esta burbuja se redujo a tan solo un 20% de su extensión habitual. Esta contracción, explican los investigadores, es resultado directo de la interacción entre el viento solar y el campo magnético terrestre, que durante la tormenta experimentó variaciones extremas de intensidad y dirección. La compresión de la plasmasfera deja a la Tierra más expuesta a partículas energéticas, lo que podría tener consecuencias para los satélites en órbita y los sistemas tecnológicos en superficie.
Implicaciones para la industria espacial y la observación terrestre
El fenómeno ha despertado gran interés entre las empresas privadas del sector espacial y las agencias públicas. Firmas como SpaceX y Blue Origin, que mantienen flotas de satélites y preparan misiones tripuladas, estudian con atención estos eventos para reforzar el blindaje de sus vehículos y garantizar la seguridad de sus operaciones.
SpaceX, por ejemplo, ha informado en el pasado de pérdidas parciales en su constelación Starlink tras tormentas solares intensas, lo que subraya la necesidad de mejorar tanto el diseño de los satélites como los protocolos de alerta temprana. En el caso de la NASA, los ingenieros trabajan continuamente en la adaptación de sondas y telescopios para soportar condiciones extremas de radiación, una lección crucial para futuras misiones a la Luna, Marte y la exploración de exoplanetas.
Por su parte, la española PLD Space, que recientemente ha completado con éxito el lanzamiento del cohete Miura 1, también se ha sumado a los esfuerzos internacionales para mejorar la monitorización del espacio próximo a la Tierra. La comprensión y predicción de eventos como la tormenta Gannon son esenciales para el desarrollo de la incipiente industria espacial europea y la protección de infraestructuras críticas.
Un desafío recurrente en la nueva era de la exploración espacial
El episodio de mayo de 2024 subraya la vulnerabilidad de la Tierra frente a los embates del clima espacial, justo en un momento en que la humanidad se prepara para una nueva era de exploración más allá de nuestro planeta. Mientras Virgin Galactic avanza en los vuelos suborbitales turísticos y las agencias públicas y privadas intensifican la búsqueda de exoplanetas habitables, la necesidad de comprender y mitigar los efectos de las tormentas solares se convierte en una prioridad compartida.
La tormenta Gannon ha supuesto un recordatorio de la importancia de la vigilancia continua del entorno espacial y de la colaboración internacional para salvaguardar tanto nuestras infraestructuras como los próximos pasos en la conquista del espacio. El estudio del Dr. Shinbori y su equipo no solo aporta datos inéditos sobre la dinámica de la plasmasfera, sino que también refuerza la urgencia de invertir en tecnología y ciencia para anticipar y responder a futuros eventos extremos.
Con la mirada puesta en el Sol y en los desafíos que plantea, la industria espacial y la investigación científica redoblan esfuerzos para proteger la Tierra y asegurar el éxito de las futuras misiones fuera de nuestro planeta.
(Fuente: SpaceDaily)
