El debut del cohete Neutron de Rocket Lab se retrasa hasta finales de 2026 tras un fallo en pruebas

El sector aeroespacial privado ha sufrido un nuevo contratiempo en su carrera por conquistar el espacio orbital. Rocket Lab, una de las empresas líderes en lanzadores medianos y pequeños, ha anunciado que el primer vuelo de su esperado cohete Neutron, inicialmente previsto para finales de 2024, no tendrá lugar hasta como mínimo el último trimestre de 2026. Este aplazamiento viene motivado por la reciente falla estructural de un tanque de propelente durante una de las pruebas críticas de calificación realizadas en enero, lo que ha obligado a la compañía a replantear parte del desarrollo.
El Neutron es el ambicioso proyecto de Rocket Lab para competir directamente con lanzadores reutilizables como el Falcon 9 de SpaceX. Con una capacidad de hasta 15 toneladas a órbita baja terrestre (LEO) en su versión reutilizable y 8 toneladas a órbita geoestacionaria (GTO), este cohete de dos etapas fue concebido para servir tanto a misiones comerciales como gubernamentales, incluyendo lanzamientos de satélites y futuras cargas tripuladas.
El accidente en el tanque de propelente, uno de los elementos más críticos de cualquier lanzador, ha supuesto un duro golpe para el cronograma de la empresa. Según fuentes internas, durante la prueba de presión máxima, el tanque sufrió una fractura que provocó una liberación incontrolada de gases y el consiguiente colapso de la estructura. Este tipo de incidentes no solo requiere la investigación detallada de la causa raíz, sino también la reingeniería de componentes y la repetición de ensayos, lo que ha obligado a Rocket Lab a revisar y postergar su calendario de lanzamientos.
Históricamente, los fallos en los tanques de propelente han supuesto importantes retrasos en el desarrollo de lanzadores orbitales. A modo de ejemplo, el propio Falcon 9 de SpaceX vivió en sus inicios incidentes similares, lo que llevó a la empresa de Elon Musk a perfeccionar sus técnicas de soldadura y materiales compuestos. En el caso del Neutron, Rocket Lab apostó por un diseño novedoso en materiales compuestos de carbono, lo que complica aún más los procesos de fabricación y certificación.
Este retraso coloca a Rocket Lab en una situación delicada dentro de la feroz competencia por el mercado de lanzadores medianos. SpaceX, con su Falcon 9 reutilizable y la reciente entrada en servicio del Falcon Heavy, domina la mayor parte de los lanzamientos comerciales y gubernamentales. Por su parte, Blue Origin avanza con su cohete New Glenn, cuya entrada en servicio se espera a lo largo de 2025 tras varios retrasos. Asimismo, empresas europeas como PLD Space continúan desarrollando sus propios lanzadores reutilizables, como el Miura 5, cuya campaña de ensayos avanza según lo previsto en España.
En el ámbito de las agencias espaciales públicas, la NASA sigue apostando por su cohete SLS, aunque con una cadencia de lanzamientos mucho más limitada y centrada en misiones lunares del programa Artemis. Europa, tras la retirada del Ariane 5, espera la entrada en servicio del Ariane 6, que también ha sufrido importantes retrasos, lo que ha abierto la puerta a los lanzadores privados para cubrir la demanda de acceso al espacio.
El Neutron representa para Rocket Lab la transición de un proveedor de lanzadores ligeros, como el exitoso Electron, a un actor relevante en la categoría de lanzadores medianos y pesados. La compañía, fundada por el ingeniero neozelandés Peter Beck, ha logrado hasta ahora posicionarse como una de las pocas alternativas fiables a SpaceX, con decenas de misiones exitosas a sus espaldas. Sin embargo, la complejidad de escalar un sistema reutilizable de mayor tamaño supone retos tecnológicos y financieros considerables.
Mientras tanto, otras áreas de la exploración espacial continúan avanzando a gran ritmo. La búsqueda y caracterización de exoplanetas por parte de telescopios como el James Webb de la NASA o la misión europea CHEOPS sigue deparando descubrimientos relevantes sobre la diversidad de sistemas planetarios. Por su parte, compañías como Virgin Galactic mantienen su apuesta por el turismo espacial suborbital, si bien a una escala todavía experimental y con ritmos de vuelo muy limitados.
El retraso en la entrada en servicio del Neutron tendrá previsiblemente un impacto en los contratos ya suscritos por Rocket Lab para misiones gubernamentales y comerciales, obligando a los clientes a buscar alternativas en el mercado. No obstante, la empresa ha recalcado su compromiso con la seguridad y la fiabilidad, priorizando la resolución de problemas técnicos antes que apresurarse a lanzar.
En definitiva, el panorama de lanzadores comerciales continúa evolucionando con avances y contratiempos que demuestran la enorme complejidad técnica de la industria espacial. El caso del Neutron es un recordatorio de que, incluso para empresas con un historial sólido como Rocket Lab, cada nuevo diseño implica superar desafíos inéditos antes de alcanzar la ansiada rutina operativa.
(Fuente: SpaceNews)
