Starfish Space desarrollará nave Otter para prolongar la vida de satélites militares en órbita geoestacionaria

La Fuerza Espacial de Estados Unidos ha adjudicado un contrato de 54,5 millones de dólares a la start-up Starfish Space para el desarrollo de Otter, una nave de servicio orbital diseñada para tareas de mantenimiento, reubicación y extensión de vida útil de satélites militares situados en la estratégica órbita geoestacionaria (GEO). Esta iniciativa marca un hito significativo en el ámbito de la logística espacial y subraya el creciente interés tanto militar como comercial en las llamadas tecnologías de «servicing» o asistencia en órbita.
Otter, el vehículo que Starfish Space pondrá en marcha con este contrato, está concebido específicamente para operar en GEO, una órbita situada a unos 36.000 kilómetros de la Tierra. Esta región es clave para la defensa y las comunicaciones globales, ya que alberga satélites fundamentales para la vigilancia, la meteorología, la navegación y las telecomunicaciones militares. Tradicionalmente, los satélites en GEO han tenido una vida útil limitada por el agotamiento de combustible o fallos en sus componentes críticos, lo que obliga a lanzamientos costosos de reemplazo. La propuesta de Starfish Space pretende revertir esta tendencia al permitir la prolongación operativa de estos activos, optimizando la inversión y reforzando la resiliencia de las infraestructuras espaciales.
El concepto de Otter incluye capacidades avanzadas de acoplamiento autónomo, permitiendo que la nave se enganche de manera precisa y segura a satélites ya existentes, independientemente de si estos fueron diseñados o no para el acoplamiento. Una vez unido, Otter podrá realizar operaciones como la recarga de combustible, el ajuste de la órbita, la reparación de componentes críticos o la reubicación del satélite a nuevas posiciones, según lo requiera la misión. Esta tecnología, que hasta hace pocos años era solo teórica, está ya siendo probada por compañías pioneras como Northrop Grumman y Astroscale, y ahora Starfish Space se suma con su enfoque propio.
La adjudicación de la Fuerza Espacial se enmarca en un contexto global de rápida evolución en el sector de servicios en órbita. Mientras la NASA y la ESA promueven iniciativas para el reciclaje y retirada de basura espacial, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin están redefiniendo el acceso al espacio con sus cohetes reutilizables. En paralelo, compañías como PLD Space en España avanzan en el desarrollo de lanzadores propios, mientras Virgin Galactic explora el turismo suborbital. Sin embargo, el segmento de mantenimiento y asistencia en órbita, aunque menos mediático, es crucial para la sostenibilidad y seguridad de la infraestructura espacial.
Históricamente, la vida útil de un satélite GEO oscilaba entre 10 y 15 años, limitada principalmente por el combustible para maniobras y sistemas internos. La imposibilidad de reparar o reabastecer estos ingenios convertía cada lanzamiento en una inversión millonaria de un solo uso. El desarrollo de tecnologías de servicio en órbita pretende cambiar este paradigma, permitiendo intervenciones in situ que alarguen la vida útil de los satélites y reduzcan la proliferación de desechos espaciales. La propuesta de Starfish Space introduce soluciones autónomas basadas en inteligencia artificial y sensores avanzados, capaces de identificar, aproximarse y acoplarse a satélites con precisión milimétrica.
El contrato incluye fases de diseño, fabricación, pruebas y puesta en órbita de la nave Otter, que está previsto que realice sus primeras misiones de demostración a lo largo de los próximos años. Según ha trascendido, la nave será compatible con los principales lanzadores del mercado, como Falcon 9 de SpaceX y New Glenn de Blue Origin, lo que facilitará su despliegue tanto para misiones militares como potencialmente comerciales en el futuro. La versatilidad y modularidad del sistema Otter podrían abrir nuevas oportunidades para el mercado civil, permitiendo el mantenimiento de satélites de comunicaciones, meteorológicos o incluso misiones científicas en colaboración con agencias como la NASA o la ESA.
De hecho, la iniciativa de Starfish Space se suma a una tendencia global en la que la colaboración público-privada está acelerando el desarrollo de nuevas capacidades espaciales. La participación de la Fuerza Espacial estadounidense no sólo proporciona financiación, sino que también valida la importancia estratégica de los servicios de mantenimiento en órbita. A medida que aumentan las amenazas asociadas a la congestión y la militarización del espacio, contar con sistemas capaces de prolongar la vida útil y proteger los activos orbitales se convierte en una prioridad para las grandes potencias.
En definitiva, la adjudicación a Starfish Space refleja el dinamismo del sector espacial actual, donde la innovación tecnológica y la colaboración entre entidades públicas y privadas están redefiniendo las posibilidades de la exploración y explotación del espacio. El desarrollo de la nave Otter podría marcar el principio de una nueva era en la gestión y sostenibilidad de las infraestructuras en órbita geoestacionaria, consolidando aún más la posición de Estados Unidos y sus aliados en el escenario espacial global.
(Fuente: SpaceNews)
