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El viento solar: el culpable del dramático cambio atmosférico de Marte

El viento solar: el culpable del dramático cambio atmosférico de Marte

Marte, conocido por su característico tono rojizo y su superficie inhóspita, no siempre fue el desierto frío y seco que hoy conocemos. Hace miles de millones de años, el planeta rojo presentaba un aspecto radicalmente diferente: abundaban los ríos, lagos e incluso océanos, y su atmósfera era densa, proporcionando condiciones que, en principio, podrían haber sido favorables para la vida. Sin embargo, la evolución de Marte estuvo marcada por un proceso silencioso pero implacable: la erosión atmosférica provocada por el viento solar.

El viento solar es una corriente constante de partículas altamente energéticas, principalmente protones y electrones, que emanan desde la corona del Sol y viajan a través del Sistema Solar a velocidades que pueden superar los 800 kilómetros por segundo. Mientras que la Tierra está protegida por un intenso campo magnético que desvía la mayor parte de estas partículas, Marte carece de un escudo magnético global. Este hecho ha resultado determinante en la historia del planeta rojo.

A lo largo de miles de millones de años, el viento solar ha ido literalmente arrancando la atmósfera de Marte, molécula a molécula. Este proceso, conocido como escape atmosférico, ha sido estudiado en detalle por misiones como la MAVEN de la NASA. Lanzada en 2013, la sonda MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile EvolutioN) ha permitido a los científicos rastrear cómo la energía del viento solar interactúa con las capas superiores de la atmósfera marciana, provocando la pérdida gradual de gases como el dióxido de carbono y el agua. Se estima que Marte ha perdido hasta un 99% de su atmósfera original a causa de este fenómeno.

Este despojo atmosférico tuvo consecuencias drásticas para el clima marciano. Sin una atmósfera densa que retuviera el calor, Marte fue enfriándose progresivamente. Los cuerpos de agua superficial, incapaces de mantenerse estables ante la baja presión atmosférica, se evaporaron y luego se congelaron, transformando el planeta en el árido desierto helado que observamos hoy. La delgada atmósfera actual, compuesta en su mayoría por dióxido de carbono, apenas alcanza el 1% de la presión atmosférica terrestre a nivel del mar.

El hallazgo de rastros geológicos como valles fluviales, depósitos sedimentarios y minerales que sólo pueden formarse en presencia de agua líquida refuerzan la hipótesis de un Marte antiguo más cálido y húmedo. Sin embargo, la ausencia de un campo magnético global, que la Tierra sí posee gracias a su núcleo líquido en rotación, dejó a Marte expuesto a la agresión constante del viento solar.

El estudio de la evolución atmosférica de Marte no solo nos ayuda a comprender mejor nuestro planeta vecino, sino que también tiene implicaciones directas para la exploración espacial y la búsqueda de vida fuera de la Tierra. La NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han multiplicado sus esfuerzos en las últimas décadas para investigar cómo y cuándo Marte perdió su atmósfera, así como las consecuencias para la habitabilidad pasada y futura del planeta.

Empresas privadas como SpaceX, dirigida por Elon Musk, han mostrado un interés especial en la terraformación de Marte, es decir, en la transformación del entorno marciano para hacerlo más parecido al de la Tierra. Sin embargo, la fragilidad de la atmósfera marciana y la ausencia de campo magnético global plantean serios desafíos técnicos, ya que cualquier intento de espesar la atmósfera podría verse frustrado por el constante azote del viento solar. Por su parte, Blue Origin y otras compañías también siguen con atención estos descubrimientos, dado el impacto que tienen en los planes de exploración y colonización.

En paralelo, el estudio de exoplanetas –aquellos que orbitan otras estrellas– ha revelado que procesos similares pueden estar ocurriendo en otros mundos. La observación de atmósferas erosionadas por vientos estelares en exoplanetas refuerza la importancia de los campos magnéticos planetarios para la retención de atmósferas y, por ende, para la habitabilidad a largo plazo. Las misiones de telescopios espaciales como el James Webb y futuras sondas de la ESA y la NASA se centran cada vez más en investigar estos procesos.

En definitiva, el caso de Marte constituye un valioso laboratorio natural para entender la evolución de los planetas y las condiciones necesarias para la vida. La cooperación entre agencias públicas como la NASA y la ESA, junto a la pujanza de empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, está impulsando una nueva era de descubrimientos que nos desvelan, poco a poco, los secretos del Sistema Solar y más allá. Comprender cómo el viento solar transformó Marte es clave para el futuro de la exploración humana y robótica de otros mundos, así como para la búsqueda de vida en el cosmos.

(Fuente: NASA)