El radiotelescopio de Juno desvela el calor subterráneo de la luna Io de Júpiter

La exploración del sistema joviano ha dado un nuevo e impactante paso gracias a la misión Juno de la NASA. Utilizando su Radiometro de Microondas (MWR), la nave ha logrado cartografiar, por primera vez y con un detalle sin precedentes, el calor que emerge desde el subsuelo de Io, la luna más volcánica de nuestro sistema solar. Este avance proporciona pistas cruciales sobre la dinámica interna de Io y el papel que desempeñan las mareas gravitatorias de Júpiter en su intensa actividad geológica.
Hasta ahora, la mayoría de los instrumentos a bordo de sondas espaciales, como los espectrómetros infrarrojos, solo podían captar la temperatura de la superficie o de las capas más externas de los cuerpos planetarios. Sin embargo, el MWR de Juno, operando en frecuencias de microondas especialmente bajas (0,6 y 1,25 gigahercios), puede penetrar hasta profundidades de entre 6 y 30 centímetros bajo la corteza de Io. Esta capacidad permite a los científicos obtener una visión directa de cómo el calor fluye desde el interior hacia el exterior, algo fundamental para comprender la maquinaria interna de la luna.
Io es un mundo extremo. Descubierta por Galileo en 1610, esta luna destaca entre las más de 90 que orbitan Júpiter por su asombrosa actividad volcánica. A diferencia de la Tierra, donde el vulcanismo se debe al calor residual del planeta y la desintegración de elementos radiactivos, en Io la principal fuente de energía es la fricción causada por las enormes fuerzas de marea a las que la somete Júpiter. Estas fuerzas deforman continuamente la luna, generando suficiente calor como para fundir rocas y desencadenar erupciones volcánicas constantes, muchas de las cuales son visibles incluso desde telescopios terrestres.
El nuevo mapa de calor, generado a partir de datos recogidos durante los últimos sobrevuelos de Juno, revela que el flujo térmico más intenso se concentra en regiones asociadas a grandes cuencas volcánicas, como Loki Patera o Pele. Estos puntos calientes, situados en el hemisferio sub-joviano de Io, corroboran la hipótesis de que los volcanes de la luna son alimentados directamente desde el interior, mediante canales de magma que atraviesan la frágil corteza.
En términos técnicos, la capacidad del MWR para medir distintas profundidades se basa en el principio de que las microondas de baja frecuencia son menos dispersadas y absorbidas por la materia superficial, permitiendo así «ver» capas más profundas. De este modo, los investigadores pueden distinguir el calor que emana desde el interior de Io, separado del que se genera en la superficie por la simple exposición al Sol o por el enfriamiento de flujos de lava recientes.
Este avance tecnológico es significativo en el contexto de la exploración planetaria, donde la detección remota de procesos subterráneos resulta esencial para entender la evolución térmica y geológica de los cuerpos celestes. En la Tierra, técnicas similares se emplean para estudiar la humedad del suelo o la actividad volcánica bajo la corteza. Sin embargo, en el entorno hostil de Io, con temperaturas que oscilan entre los -143°C y los 17°C y bajo el constante bombardeo de radiación de Júpiter, tales mediciones solo son posibles gracias a la robustez y precisión de los instrumentos de Juno.
Este tipo de investigaciones no solo enriquecen nuestro conocimiento sobre Io, sino que también aportan información valiosa para el estudio de exoplanetas y lunas de otros sistemas estelares. La dinámica de mareas gravitatorias observada en Io es un fenómeno que los astrónomos consideran común en múltiples planetas y satélites fuera del sistema solar, especialmente en aquellos situados en las denominadas zonas habitables, donde el calor interno podría favorecer la existencia de agua líquida, y quién sabe, quizás también de vida.
Mientras tanto, otras empresas privadas como SpaceX y Blue Origin continúan avanzando en el desarrollo de cohetes reutilizables y tecnologías que facilitarán futuras misiones a las lunas jovianas. Por su parte, en Europa, la empresa española PLD Space está ultimando los preparativos para el lanzamiento de su cohete Miura 1, diseñado para poner en órbita pequeños satélites y servir como banco de pruebas para tecnologías que, en un futuro, podrían emplearse en la exploración de mundos tan fascinantes como Io.
La misión Juno, en curso desde 2016, sigue ampliando los límites de la ciencia planetaria. Sus descubrimientos no solo nos acercan a los misterios de Júpiter y sus satélites, sino que también inspiran a la comunidad internacional, tanto pública como privada, a continuar explorando los confines del sistema solar y más allá.
(Fuente: NASA)
