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La misión Juno de la NASA revela el intenso calor subterráneo de Ío, la luna volcánica de Júpiter

La misión Juno de la NASA revela el intenso calor subterráneo de Ío, la luna volcánica de Júpiter

La misión Juno de la NASA, actualmente en órbita alrededor de Júpiter, ha logrado un hito histórico al medir por primera vez las temperaturas bajo la superficie de Ío, la luna más volcánica del Sistema Solar. Gracias a dos sobrevuelos cercanos realizados durante el último año, los científicos han podido analizar en detalle las características térmicas y la morfología superficial de este satélite, abriendo nuevas vías para comprender mejor los procesos geológicos extremos que tienen lugar en este fascinante mundo joviano.

Ío, uno de los cuatro satélites galileanos descubiertos por Galileo Galilei en 1610, lleva décadas intrigando a la comunidad científica. Con su superficie moteada por cientos de volcanes activos y lagos de lava, Ío es el cuerpo con mayor actividad volcánica conocido, superando incluso a la Tierra en este aspecto. Sin embargo, hasta ahora, las investigaciones se habían centrado fundamentalmente en la observación de su superficie y en la detección remota de sus erupciones, sin poder acceder a datos directos sobre su subsuelo inmediato.

El instrumento Microwave Radiometer (MWR) de la sonda Juno ha sido clave para superar esta limitación. El MWR, diseñado originalmente para estudiar la atmósfera de Júpiter, puede penetrar decenas de centímetros bajo la superficie de Ío, proporcionando así información inédita sobre la distribución de temperaturas bajo las capas más externas. Las mediciones recogidas durante los sobrevuelos cercanos —el primero en diciembre de 2023 y el segundo en febrero de 2024— han permitido descubrir que el calor interno de Ío es mucho mayor de lo que sugerían los modelos anteriores.

Los datos muestran que la capa subterránea más próxima a la superficie alcanza temperaturas sorprendentemente elevadas, lo que confirma que el intenso vulcanismo de Ío no solo se manifiesta en la superficie, sino que está alimentado por un calor interno persistente. Este calor proviene fundamentalmente del proceso de calentamiento por marea, un fenómeno en el que las fuerzas gravitacionales de Júpiter y de las otras lunas galileanas —Europa y Ganímedes— deforman periódicamente el interior de Ío, generando fricción y, en consecuencia, calor.

Además, las imágenes y datos topográficos obtenidos en estos sobrevuelos revelan que la mayor parte del terreno de Ío es sorprendentemente liso, aunque salpicado por áreas de actividad volcánica reciente. Esta suavidad superficial sugiere que los materiales expulsados en las frecuentes erupciones —principalmente azufre y compuestos de silicato— se redistribuyen rápidamente, cubriendo las irregularidades y renovando el paisaje lunar a un ritmo vertiginoso.

La relevancia científica de estos hallazgos no se limita a Ío, sino que tiene profundas implicaciones para el estudio de la geología planetaria y de los procesos de calentamiento interno en otros cuerpos del Sistema Solar y exoplanetas. Comprender cómo se distribuye el calor bajo la corteza de Ío ayuda a los investigadores a modelar mejor la evolución térmica y volcánica de otros satélites, como Encelado o Europa, donde se sospecha que podría haber océanos subterráneos capaces de albergar vida.

Más allá de la NASA, otras agencias y empresas espaciales están siguiendo con atención estos resultados, ya que la tecnología empleada por Juno abre la puerta a nuevas misiones dedicadas a la exploración de lunas heladas y cuerpos rocosos. Por ejemplo, la ESA (Agencia Espacial Europea) prepara el lanzamiento de su sonda JUICE, cuyo objetivo será estudiar Europa, Ganímedes y Calisto, mientras que la NASA ya está ultimando los detalles de la misión Europa Clipper, que analizará la habitabilidad del subsuelo de Europa.

En el ámbito privado, compañías como SpaceX están desarrollando vehículos de lanzamiento reutilizables que, en un futuro, podrían facilitar la llegada de sondas más avanzadas a las lunas jovianas. Por su parte, Blue Origin y Virgin Galactic siguen apostando por el desarrollo de tecnologías que permitan abaratar el acceso al espacio profundo, mientras que la española PLD Space avanza en la puesta a punto de sus cohetes Miura, orientados a misiones científicas y comerciales en órbita baja.

A nivel internacional, la carrera por explorar el Sistema Solar exterior está más activa que nunca, con proyectos públicos y privados que buscan desvelar los secretos de mundos lejanos y, quizá, detectar indicios de vida en lugares tan insospechados como el subsuelo de una luna volcánica. El reciente logro de Juno demuestra que, pese a las enormes distancias y desafíos técnicos, la exploración planetaria sigue avanzando a paso firme y nos acerca cada vez más a comprender los procesos fundamentales que rigen la dinámica de nuestro vecindario cósmico.

(Fuente: NASA)