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El carbono marrón de incendios forestales agrava la contaminación aérea en EE. UU. y Canadá

El carbono marrón de incendios forestales agrava la contaminación aérea en EE. UU. y Canadá

El carbono marrón, una forma de material particulado liberado principalmente por incendios forestales, ha sido identificado como un factor clave en el deterioro de la calidad del aire en amplias regiones de Estados Unidos y Canadá durante julio de 2026. Este contaminante, menos conocido que el hollín tradicional o el carbono negro, ha captado la atención de la comunidad científica y de agencias como la NASA, que han seguido su evolución y efectos a lo largo de una semana crucial en el verano boreal.

A diferencia de otros aerosoles producidos por la combustión, el carbono marrón presenta propiedades químicas y ópticas singulares. Se trata de una fracción orgánica del material particulado que absorbe luz solar de manera menos eficiente que el carbono negro, pero mucho más que otras partículas orgánicas, contribuyendo tanto al calentamiento atmosférico como a la reducción de la visibilidad y al agravamiento de problemas respiratorios en la población.

En el reciente periodo de seguimiento, los incendios forestales en el oeste de Canadá y el noroeste de Estados Unidos generaron enormes columnas de humo, ricas en carbono marrón, que fueron detectadas mediante imágenes satelitales y estaciones terrestres de medición. Equipos de la NASA, en colaboración con agencias meteorológicas de ambos países, emplearon satélites como el Terra y el Suomi NPP, equipados con sensores MODIS y VIIRS, para rastrear la dispersión de estas partículas a lo largo de la atmósfera.

Las imágenes obtenidas revelaron que las masas de aire cargadas de carbono marrón se desplazaron miles de kilómetros, cruzando fronteras y afectando ciudades desde Vancouver hasta Chicago y Ottawa. En estas áreas, los niveles de partículas finas (PM2.5) superaron los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud, lo que llevó a la emisión de alertas sanitarias y restricciones temporales en actividades al aire libre, especialmente para grupos vulnerables como niños, ancianos y personas con afecciones respiratorias previas.

El interés por el carbono marrón se ha intensificado en la última década, a medida que los modelos climáticos y de calidad del aire incorporan datos más detallados sobre su origen, composición y efectos. Aunque el carbono negro es conocido por su potente capacidad para absorber radiación solar y acelerar el deshielo del Ártico, el carbono marrón añade una complejidad adicional: su composición es mucho más heterogénea, incluye compuestos orgánicos derivados de la combustión incompleta de materia vegetal y, además, su capacidad de absorción varía según la fuente y las condiciones de combustión.

Estudios recientes han subrayado que, aunque el carbono marrón tiene un efecto de calentamiento inferior al del carbono negro, sigue contribuyendo al forzamiento radiativo global y afecta la formación de nubes, lo que influye en patrones meteorológicos y en la distribución de precipitaciones. Además, a nivel local, la presencia de altas concentraciones de carbono marrón agrava los episodios de mala calidad del aire, incrementando los ingresos hospitalarios relacionados con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

La NASA y otras agencias espaciales, como la Agencia Espacial Canadiense (CSA) y la Agencia Espacial Europea (ESA), están destinando recursos a la mejora de la monitorización en tiempo real de aerosoles atmosféricos a través de satélites de nueva generación y misiones específicas, como las futuras observaciones del satélite PACE, previsto para lanzarse próximamente. Estas misiones permitirán una caracterización más precisa de la composición y dinámica de los aerosoles, facilitando la toma de decisiones rápidas ante crisis ambientales de esta magnitud.

En el ámbito privado, empresas como SpaceX han mostrado interés en la mejora de la infraestructura satelital orientada a la monitorización ambiental, aunque su foco principal sigue siendo el lanzamiento de satélites de comunicaciones y plataformas de observación de la Tierra como parte de sus constelaciones Starlink. La cooperación entre actores públicos y privados promete aumentar la capacidad de respuesta ante fenómenos atmosféricos extremos agravados por el cambio climático, como la proliferación de incendios forestales en Norteamérica.

Por otro lado, la comunidad científica internacional está reclamando una mayor integración de los datos recogidos desde el espacio y desde tierra en los sistemas de alerta temprana, así como un esfuerzo renovado en la reducción de emisiones de gases y partículas de efecto invernadero. El caso del carbono marrón destaca la necesidad de estrategias de gestión forestal más sostenibles y de políticas públicas orientadas a la mitigación y adaptación frente a los efectos del cambio climático.

El seguimiento de la evolución y el impacto del carbono marrón en América del Norte durante julio de 2026 constituye un ejemplo paradigmático de cómo la ciencia, la tecnología espacial y la cooperación internacional resultan imprescindibles para abordar los desafíos medioambientales del siglo XXI.

(Fuente: NASA)