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CERES: Tres Décadas Revelando los Secretos de la Energía de la Tierra desde el Espacio

CERES: Tres Décadas Revelando los Secretos de la Energía de la Tierra desde el Espacio

A finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, mientras la humanidad contemplaba con asombro los avances de la exploración espacial y la carrera hacia Marte comenzaba a perfilarse en el horizonte, un grupo de ingenieros y científicos del Centro de Investigación Langley (LaRC) de la NASA se embarcaba en una misión menos mediática, pero igualmente crucial: comprender cómo la energía del Sol interactúa con la atmósfera y las nubes de la Tierra. Así nació el proyecto CERES, siglas de Clouds and the Earth’s Radiant Energy System (Sistema de Energía Radiante de las Nubes y la Tierra), un instrumento pionero que desde entonces ha revolucionado la ciencia climática mundial.

El propósito fundamental de CERES es medir el balance de energía de nuestro planeta: la cantidad de radiación solar que llega a la atmósfera terrestre, la que es reflejada de nuevo al espacio y la que, finalmente, es absorbida por la superficie y los océanos. Este delicado equilibrio determina la temperatura global y, en última instancia, las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra. En un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, comprender con precisión estos flujos energéticos es esencial para modelar y predecir el futuro del planeta.

Desde su concepción, el proyecto ha evolucionado en paralelo a la propia revolución tecnológica y científica de la NASA. CERES fue ideado como un instrumento de referencia para la constelación de satélites del Earth Observing System (EOS), lanzada a partir de 1997. El primer instrumento CERES voló ese año a bordo del satélite Tropical Rainfall Measuring Mission (TRMM), marcando el inicio de una serie de lanzamientos que se han extendido durante más de un cuarto de siglo. A TRMM le siguieron otros satélites clave como Terra (1999), Aqua (2002), Suomi NPP (2011) y JPSS-1 (2017), sumando hasta la fecha siete instrumentos CERES en cinco misiones distintas.

El corazón de CERES reside en sus radiómetros de alta precisión, capaces de medir tanto la radiación solar reflejada como la emitida por la Tierra en el infrarrojo. Estos sensores, diseñados para resistir las duras condiciones del espacio durante años, han proporcionado una continuidad de datos sin precedentes, permitiendo a los científicos monitorizar cambios en la cobertura nubosa, el albedo planetario y la redistribución de energía entre hemisferios y estaciones.

Un aspecto especialmente relevante de las mediciones de CERES es la cuantificación de la «sensibilidad climática», es decir, cómo responde el sistema terrestre a variaciones en el forzamiento radiativo, como el aumento de gases de efecto invernadero. Los datos de CERES han confirmado, por ejemplo, la tendencia al aumento de la energía retenida por la atmósfera, lo que corrobora la aceleración del calentamiento global observada en las últimas décadas.

La importancia de este tipo de instrumentos no solo reside en la ciencia básica. Sus resultados se han convertido en pieza clave para los modelos climáticos utilizados tanto por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) como por organismos de predicción meteorológica y agencias espaciales de todo el mundo. La colaboración internacional es otro de los pilares de CERES, cuyos datos están abiertos a la comunidad global y han sido validados y complementados con misiones europeas como los satélites Meteosat de EUMETSAT o los Sentinel del programa Copernicus.

El éxito de CERES ha inspirado el desarrollo de nuevas generaciones de instrumentos y misiones orientadas al estudio del clima desde el espacio. Por ejemplo, la Agencia Espacial Europea (ESA) está trabajando en la misión EarthCARE, centrada en el análisis de nubes y aerosoles, mientras que SpaceX y Blue Origin, aunque más conocidos por sus lanzamientos comerciales, han mostrado interés en plataformas de observación terrestre avanzadas como parte de sus futuras constelaciones de satélites.

En el ámbito nacional, España también ha dado pasos significativos en este campo. La empresa PLD Space, referente europeo en el lanzamiento de pequeños satélites, aspira a que futuros instrumentos nacionales contribuyan a la monitorización ambiental global. Esta apuesta tecnológica abre la puerta a que, en las próximas décadas, la industria aeroespacial española juegue un papel destacado en la vigilancia y protección del clima terrestre.

La longevidad y el impacto de CERES demuestran el valor de la inversión sostenida en ciencia y tecnología espacial. A lo largo de más de treinta años, este sistema ha permitido comprender mejor los complejos mecanismos que regulan la temperatura global, facilitando políticas ambientales informadas y estrategias de adaptación frente al cambio climático.

Mientras la humanidad avanza en su exploración del cosmos, con SpaceX liderando la carrera hacia Marte, Blue Origin desarrollando cohetes reutilizables y Virgin Galactic abriendo el turismo espacial, la observación de nuestro propio planeta sigue siendo una prioridad insoslayable. En última instancia, el legado de CERES es recordarnos que, antes de buscar nuevos mundos habitables, debemos preservar y comprender el único hogar conocido de la vida.

(Fuente: NASA)