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SpaceX retoma el ritmo con una nueva misión Starlink desde Vandenberg

SpaceX retoma el ritmo con una nueva misión Starlink desde Vandenberg

SpaceX se prepara para inaugurar febrero con el lanzamiento de una nueva tanda de satélites Starlink, afianzando su liderazgo en la carrera por la conectividad global. La misión, denominada Starlink 17-32, tiene previsto despegar desde la plataforma 4E de la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California, a las 7:38 de la mañana, hora local (16:38 en la España peninsular). Este vuelo marca el inicio de las operaciones de Starlink este mes y refuerza el papel de la costa oeste estadounidense como punto clave para el despliegue de satélites en órbitas polares y de alta inclinación.

El cohete Falcon 9, auténtico caballo de batalla de SpaceX, será el encargado de transportar al espacio el nuevo lote de satélites. Esta misión pondrá en órbita baja terrestre decenas de satélites Starlink, que se sumarán a la constelación que la empresa de Elon Musk está tejiendo alrededor del planeta. Gracias a esta red, SpaceX ya ofrece servicios de internet de alta velocidad en zonas remotas y en regiones donde la infraestructura tradicional de telecomunicaciones es insuficiente.

La plataforma 4E de Vandenberg, con una historia que se remonta a la era de los misiles balísticos intercontinentales, ha sido testigo de lanzamientos emblemáticos tanto de la NASA como de empresas privadas. En los últimos años, SpaceX ha reinventado este complejo, adaptándolo para sus lanzamientos comerciales y gubernamentales, y consolidándolo como su principal base en la costa oeste, especialmente para misiones de órbita polar. Este tipo de órbita es fundamental para cubrir las latitudes más altas, ampliando significativamente la cobertura de Starlink tanto para usuarios particulares como para aplicaciones militares y científicas.

El Falcon 9, en su versión Block 5, representa lo último en reutilización de lanzadores. SpaceX ha logrado recuperar y reutilizar las primeras etapas de estos cohetes en decenas de ocasiones, logrando así reducir los costes de acceso al espacio y aumentar el ritmo de lanzamientos. En cada misión, la recuperación del propulsor, que aterriza sobre una barcaza autónoma en el océano Pacífico, es ahora una rutina casi perfeccionada.

La constelación Starlink es una de las mayores iniciativas privadas en la historia de la exploración espacial. Desde el primer lote de satélites lanzado en 2019, SpaceX ha desplegado ya más de 5.000 unidades en órbita. El objetivo final es formar una red global compuesta por decenas de miles de satélites, capaces de ofrecer acceso a internet de alta velocidad a cualquier punto del planeta. Este ambicioso plan ha generado tanto admiración como preocupación: por un lado, el acceso universal a internet es un avance social sin precedentes; por otro, astrónomos y expertos en gestión del espacio advierten sobre el impacto en la observación del cosmos y el aumento del tráfico orbital.

Mientras tanto, otras empresas y agencias espaciales siguen de cerca el modelo de Starlink. Blue Origin, la compañía fundada por Jeff Bezos, continúa trabajando en su propia constelación, Project Kuiper, aunque aún no ha realizado lanzamientos operativos. Por su parte, la NASA, tradicionalmente centrada en misiones científicas y de exploración, ha mostrado interés en las capacidades de estas redes privadas para mejorar las comunicaciones de sus futuras misiones tripuladas y robóticas.

En Europa, la española PLD Space ha conseguido hitos destacados en el sector de lanzamientos ligeros, aunque por ahora no compite en el segmento de grandes constelaciones. Recientemente, Virgin Galactic ha retomado sus vuelos suborbitales turísticos, enfocándose más en el turismo espacial que en la conectividad global, aunque su tecnología de lanzamiento aéreo podría adaptarse a otros fines en el futuro. Por otra parte, el descubrimiento de nuevos exoplanetas a través de observatorios como el James Webb y la misión europea Cheops sigue ampliando nuestro conocimiento del universo, aunque la proliferación de satélites plantea retos adicionales para la observación astronómica.

La tendencia es clara: tanto actores públicos como privados apuestan fuerte por nuevas infraestructuras orbitales y tecnologías que transformarán la forma en la que nos comunicamos, exploramos el espacio y observamos el universo. La misión Starlink 17-32 no solo representa un paso más en la expansión de la red de SpaceX, sino que simboliza la nueva era espacial en la que la conectividad, la reutilización y la cooperación internacional son los pilares fundamentales.

Con cada lanzamiento desde Vandenberg, SpaceX afianza su posición como líder en la democratización del acceso al espacio y la conectividad digital, mientras la industria global observa y adapta sus estrategias ante este nuevo paradigma. Las próximas semanas prometen más actividad tanto en el sector privado como en las agencias públicas, confirmando que 2024 será un año clave para el futuro de la humanidad en el espacio.

(Fuente: Spaceflight Now)