EE.UU. reevalúa su estrategia lunar ante el avance del programa espacial chino

La reciente comparecencia en la Cámara de Representantes estadounidense, convocada para analizar el auge del programa espacial chino, se transformó en una sesión de autocrítica hacia la política espacial de Estados Unidos y, en particular, hacia la gestión actual de la NASA para el retorno de astronautas a la Luna. Este giro en el debate pone de manifiesto la creciente preocupación en Washington ante la posibilidad de que China supere a la potencia norteamericana en la conquista lunar y en la consolidación de una presencia permanente en el espacio profundo.
El contexto de competencia espacial entre Estados Unidos y China ha cobrado una intensidad inédita en los últimos años. Desde la creación de la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) en 1993, el gigante asiático ha dado pasos firmes y ambiciosos, culminando en logros como el alunizaje de la Chang’e-4 en la cara oculta de la Luna en 2019, un hito que ninguna otra nación había alcanzado hasta entonces. Más recientemente, misiones como Chang’e-5 han traído muestras lunares a la Tierra, y el rover Zhurong ha explorado la superficie marciana, consolidando a China como un actor de primer orden en la exploración espacial.
Durante la audiencia, varios miembros del Congreso y expertos invitados centraron sus intervenciones en cuestionar la estrategia estadounidense para regresar a la Luna, actualmente liderada por el programa Artemis de la NASA. Aunque la agencia ha fijado como objetivo el regreso de astronautas a la superficie lunar en los próximos años, los congresistas expresaron su preocupación por los retrasos acumulados, la dependencia de contratistas privados y la falta de una visión unificada a largo plazo.
Uno de los puntos más discutidos en la sesión fue la colaboración público-privada que caracteriza la nueva era espacial estadounidense. Empresas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic han revolucionado el sector con innovaciones tecnológicas y una reducción drástica de los costes de acceso al espacio. SpaceX, en particular, ha desempeñado un papel crucial mediante el desarrollo del lanzador Starship y su contrato con la NASA para la misión Artemis III, que prevé el primer alunizaje tripulado estadounidense desde 1972. No obstante, algunos legisladores señalaron que la excesiva dependencia de estas compañías podría poner en riesgo la autonomía estratégica del país, especialmente si surgen imprevistos técnicos o financieros.
Por su parte, Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos, sigue compitiendo por contratos clave en el programa Artemis, mientras desarrolla su propio módulo lunar y el lanzador New Glenn. La pugna entre SpaceX y Blue Origin ha estimulado la innovación y la eficiencia, pero también ha generado tensiones legales y retrasos en la adjudicación de contratos. Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, aporta otra dimensión al panorama, aunque su impacto en la exploración lunar es más limitado por el momento.
Frente a estos desafíos internos, la audiencia puso el foco en la hoja de ruta china. Pekín ha anunciado planes para establecer una base lunar internacional en la década de 2030, en colaboración con Rusia y otras naciones. El programa tripulado chino avanza a un ritmo constante: la estación Tiangong ya opera en órbita terrestre y se prevén misiones lunares tripuladas antes de 2030. Esta estrategia, percibida como más centralizada y con un compromiso estatal robusto, contrasta con el enfoque descentralizado y dependiente del sector privado que impera en Estados Unidos.
El debate también abordó la importancia estratégica de la exploración lunar y la presencia en el espacio profundo. Más allá del prestigio, el control de recursos como el agua helada en los polos lunares o los minerales raros tiene implicaciones económicas y militares. Los legisladores advirtieron que una supremacía china en la Luna podría traducirse en ventajas geopolíticas duraderas.
En paralelo, la industria europea también se encuentra en plena transformación. La empresa española PLD Space ha realizado con éxito el lanzamiento del cohete Miura 1, convirtiéndose en un referente del sector de lanzadores reutilizables en Europa. La ESA y otras agencias públicas buscan adaptarse a esta nueva era, marcada por la agilidad y la innovación del sector privado.
Por último, la audiencia no pasó por alto los avances en la búsqueda de exoplanetas habitables, liderada por misiones como TESS de la NASA o CHEOPS de la ESA. Este campo, aunque menos mediático que la exploración lunar, representa la vanguardia de la astrofísica y la posibilidad de encontrar vida más allá del Sistema Solar.
En conclusión, la sesión en la Cámara de Representantes evidenció la urgencia de redefinir la política espacial estadounidense ante el avance de China y la fragmentación del liderazgo global en el espacio. La integración efectiva entre el sector público y privado, junto con una visión estratégica a largo plazo, se perfilan como elementos clave para mantener la relevancia de Estados Unidos en la próxima era de la exploración espacial.
(Fuente: SpaceNews)
