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Aviones de la NASA estudian los efectos de las nubes pirocumulonimbos en la atmósfera

Aviones de la NASA estudian los efectos de las nubes pirocumulonimbos en la atmósfera

La NASA ha desplegado una flota de aviones científicos equipados con instrumentación de vanguardia para analizar un fenómeno atmosférico tan espectacular como preocupante: las nubes pirocumulonimbos. Estas gigantescas formaciones, que combinan el humo de incendios forestales con la dinámica de las tormentas convectivas, están siendo investigadas por su impacto creciente en el clima y la calidad del aire, a medida que los grandes fuegos se intensifican en diversas partes del planeta.

El pirocumulonimbo (PyroCb, por su acrónimo en inglés) es una de las estructuras nubosas más impresionantes y complejas. Se genera cuando el calor extremo de un incendio forestal impulsa el humo, las cenizas y la humedad hacia la atmósfera, creando auténticas “tormentas de humo” que pueden alcanzar hasta la estratosfera. Estas nubes, que a menudo se parecen a las tormentas normales pero con un contenido elevado de partículas carbonosas, pueden alterar la dinámica atmosférica, provocar rayos que alimentan nuevos incendios y transportar contaminantes a miles de kilómetros de distancia.

La NASA, consciente de las implicaciones globales de estos fenómenos, ha puesto en marcha una campaña de investigación aérea sin precedentes en colaboración con otras agencias y centros de investigación internacionales. Equipos científicos están utilizando aviones como el ER-2, una versión civil del legendario U-2, y el DC-8, un laboratorio volador, para penetrar en las columnas de humo y recoger datos directos sobre la composición química, la distribución de partículas y la interacción con la radiación solar.

El estudio de los pirocumulonimbos es relativamente reciente en la meteorología moderna. Aunque los grandes incendios han existido siempre, la frecuencia e intensidad de los PyroCb ha aumentado en los últimos años, en parte debido al cambio climático y a la mayor disponibilidad de combustible forestal. En 2019 y 2020, los incendios en Australia y Estados Unidos generaron una serie de pirocumulonimbos que llegaron a modificar los patrones del clima global, inyectando grandes cantidades de aerosoles en la estratosfera que permanecieron durante meses, afectando la reflexión de la luz solar y la formación de ozono.

Desde el punto de vista técnico, los aviones de la NASA están equipados con sensores de espectrometría de masas, lidars, radiómetros y sistemas de muestreo de partículas. Estos instrumentos permiten medir desde la concentración de carbono negro hasta el tamaño y tipo de las partículas liberadas, así como el contenido de gases como óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles. Los datos recogidos son comparados en tiempo real con las observaciones de satélites como el Terra, Aqua y el recientemente lanzado Sentinel-5P de la ESA, ofreciendo una visión tridimensional sin precedentes de estos eventos extremos.

La importancia de estos estudios va más allá de la meteorología: los pirocumulonimbos suponen un desafío para la aviación, la salud pública y los modelos climáticos globales. Un aspecto clave es el transporte de contaminantes a gran altitud, donde pueden viajar alrededor del mundo y afectar regiones lejanas de los incendios originales. Además, la inyección de partículas y gases en la estratosfera puede influir temporalmente en la temperatura global, de manera similar pero más localizada que una erupción volcánica.

El auge del sector privado espacial también está contribuyendo a este tipo de investigaciones. Empresas como SpaceX y Blue Origin han mostrado interés en el estudio de la atmósfera superior y la interacción entre fenómenos terrestres y el entorno espacial. El acceso creciente al espacio suborbital facilita el lanzamiento de pequeños satélites y sondas que pueden complementar las misiones aéreas tradicionales con observaciones desde la órbita baja.

En Europa, la española PLD Space y la Agencia Espacial Europea (ESA) trabajan en desarrollar tecnologías para monitorizar eventos atmosféricos extremos desde el espacio, con plataformas como el satélite Copernicus y futuros lanzadores reutilizables. Mientras tanto, la compañía Virgin Galactic, conocida por sus vuelos turísticos suborbitales, ha ofrecido su plataforma para experimentos relacionados con la atmósfera y la meteorología de alta altitud.

La investigación sobre los pirocumulonimbos se encuentra en plena expansión, impulsada por la necesidad urgente de comprender los efectos de los incendios forestales en el clima, la salud y la seguridad global. Los datos recogidos por la NASA y sus socios servirán para perfeccionar los modelos climáticos y mejorar la respuesta ante futuros incendios, un desafío que, según los expertos, irá en aumento en las próximas décadas.

En definitiva, la observación y análisis de estas poderosas nubes de humo y tormenta ponen de manifiesto la importancia de la cooperación internacional, la innovación tecnológica y la vigilancia continua del planeta desde el aire y el espacio para anticipar y mitigar los efectos de los fenómenos extremos en la Tierra.

(Fuente: NASA)