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Blue Origin se prepara para las primeras pruebas en caliente del segundo estadio del New Glenn en Stennis

Blue Origin se prepara para las primeras pruebas en caliente del segundo estadio del New Glenn en Stennis

La colaboración entre la NASA y Blue Origin da un paso crucial en el desarrollo del cohete New Glenn, al acordar la realización de las primeras pruebas en caliente del segundo estadio en el histórico banco de pruebas B-2 del Centro Espacial Stennis, en Misisipi. Este avance representa un hito significativo tanto para la empresa privada fundada por Jeff Bezos como para el ecosistema aeroespacial estadounidense, que busca diversificar y fortalecer su acceso al espacio.

El New Glenn, bautizado en honor al astronauta John Glenn, es el lanzador orbital reutilizable de nueva generación de Blue Origin. Su diseño responde al creciente interés comercial y científico por cargas útiles de gran envergadura y alto peso, así como a la necesidad de competir en el dinámico mercado de lanzamientos espaciales, actualmente liderado por SpaceX y su familia de cohetes Falcon.

La etapa que pronto será sometida a pruebas es la segunda del New Glenn, equipada con un motor BE-3U (Upperstage), una variante optimizada para el vacío del exitoso BE-3 que ya propulsa el suborbital New Shepard. El BE-3U, alimentado por hidrógeno líquido y oxígeno líquido, está diseñado para proporcionar la eficiencia y el empuje necesarios para colocar cargas en órbita geoestacionaria y más allá. La elección de tecnología basada en combustibles criogénicos coloca a Blue Origin en la senda de los grandes lanzadores pesados de la historia, emulando, por ejemplo, al legendario Saturn V de la NASA y al actual SLS.

El banco de pruebas B-2 de Stennis no es un mero escenario cualquiera: aquí rugieron los cinco motores F-1 de la primera etapa del Saturn V y, más recientemente, los complejos motores RS-25 del SLS. Ahora, el histórico stand acogerá los ensayos de encendido y funcionamiento del segundo estadio de New Glenn, en una secuencia que incluirá llenado de propelentes, chequeo de sistemas, encendidos de corta y larga duración, y análisis detallado de datos estructurales y térmicos.

Este tipo de pruebas en caliente es fundamental antes de autorizar cualquier vuelo orbital. Permiten validar no solo el rendimiento del motor, sino la integración de sistemas hidráulicos, eléctricos y de control, así como la integridad estructural ante vibraciones y presiones extremas. El éxito de estas pruebas será determinante para el calendario de lanzamientos de New Glenn, cuyo primer vuelo orbital —tras varios retrasos— se espera que tenga lugar en 2025.

La NASA, por su parte, se beneficia de la colaboración revitalizando infraestructuras históricas y afianzando alianzas con el sector privado. Este movimiento es coherente con la estrategia de la agencia de diversificar proveedores, tanto para lanzamientos comerciales como para futuras misiones lunares y planetarias. La apertura de Stennis a empresas como Blue Origin recuerda la evolución que ha vivido el sector desde la era de monopolio público hasta el actual auge de actores privados, fenómeno del que SpaceX ha sido impulsor y referente.

Mientras tanto, el panorama internacional sigue moviéndose. SpaceX, con su éxito en lanzamientos reutilizables y su Starship en fase de pruebas, mantiene el liderazgo en número de misiones y carga puesta en órbita. Virgin Galactic avanza en el turismo suborbital mientras planea sus nuevos vehículos Delta, y la española PLD Space ultima el salto a la órbita tras el éxito de su cohete Miura 1, que este año ya realizó un vuelo suborbital completo. Otras agencias, como la ESA y Roscosmos, también aceleran sus programas en respuesta a la competencia privada.

En paralelo, la astronomía de exoplanetas sigue cosechando descubrimientos con misiones como TESS y el telescopio James Webb, cuyas observaciones permiten caracterizar atmósferas y buscar biomarcadores en mundos lejanos, abriendo nuevas fronteras en la exploración y el conocimiento.

El acuerdo entre Blue Origin y la NASA para someter la segunda etapa del New Glenn a pruebas en el banco B-2 de Stennis es, por tanto, mucho más que un paso técnico: simboliza la confluencia de tradición e innovación, y la apuesta por el futuro de la exploración espacial basada en la colaboración público-privada. El resultado de estos ensayos será clave no solo para el destino de Blue Origin, sino también para el equilibrio de poder en la industria y la capacidad de Estados Unidos —y del conjunto de sus aliados— para mantener el liderazgo en la nueva carrera espacial.

El éxito de estas pruebas marcará el rumbo de una nueva generación de lanzadores y consolidará la visión de un acceso al espacio más seguro, frecuente y competitivo para la ciencia, la economía y la humanidad en su conjunto.

(Fuente: NASASpaceflight)