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El avión supersónico X-59 de la NASA supera por primera vez la barrera del sonido

El avión supersónico X-59 de la NASA supera por primera vez la barrera del sonido

El programa de aviación experimental de la NASA ha alcanzado un hito de enorme relevancia con su avión X-59 QueSST (Quiet SuperSonic Technology), que por primera vez ha volado más rápido que la velocidad del sonido. Este avance, registrado el pasado viernes 5 de junio, supone un paso fundamental hacia el objetivo de desarrollar vuelos supersónicos comerciales silenciosos, una aspiración largamente perseguida desde el retiro del Concorde y que podría transformar el transporte aéreo global.

El vuelo tuvo lugar en la base aérea de Edwards, situada en California, una instalación emblemática para la historia de la aviación y los vuelos experimentales. Al mando de la aeronave se encontraba el piloto de pruebas de la NASA Jim “Clue” Less, quien despegó a las 11:08 de la mañana, hora local (PDT), a bordo del X-59. Durante la misión, el aparato alcanzó una altitud de 43.400 pies (más de 13.200 metros) y una velocidad máxima de Mach 1,1, es decir, unos 1.147 kilómetros por hora (713 mph). El vuelo tuvo una duración total de 81 minutos, tiempo durante el cual se probaron las capacidades de la aeronave tanto en régimen subsónico como supersónico.

El X-59 QueSST representa una apuesta de la NASA y la industria aeroespacial estadounidense por superar uno de los mayores obstáculos del vuelo supersónico comercial: el fuerte estampido sónico que se produce al romper la barrera del sonido. Este fenómeno, que se manifiesta como un estruendo audible incluso a kilómetros de distancia, motivó en su día la prohibición de vuelos supersónicos comerciales sobre territorio continental en Estados Unidos y Europa. El Concorde, icono de la aviación supersónica civil, solo pudo operar vuelos transoceánicos por este motivo.

El objetivo del X-59 es demostrar que es posible reducir drásticamente el estampido sónico hasta convertirlo en un leve “golpe” sonoro, apenas perceptible desde tierra. Para lograrlo, el avión ha sido diseñado con una aerodinámica muy especial: su fuselaje es extraordinariamente alargado y afilado, con un morro puntiagudo de más de 10 metros, alas en flecha y sin ventanilla frontal para el piloto, que navega mediante cámaras y sensores de alta resolución que transmiten la imagen al panel de control. Esta configuración busca minimizar la onda de choque que genera el estampido sónico, redistribuyéndola de forma que se atenúe considerablemente su intensidad.

El vuelo supersónico del pasado viernes forma parte de la campaña de ensayos que la NASA está llevando a cabo para validar las predicciones de simulación y los modelos acústicos. En los próximos meses, el X-59 realizará vuelos sobre distintas comunidades estadounidenses, donde se medirá el impacto sonoro y se recogerán datos de percepción ciudadana. Estos resultados serán cruciales para que la Administración Federal de Aviación (FAA) y otras agencias internacionales revisen la normativa actual, abriendo la puerta a vuelos supersónicos comerciales de nueva generación.

La misión QueSST de la NASA se encuadra en el legendario programa X, que desde la década de 1940 ha servido como banco de pruebas para las tecnologías más avanzadas del sector aeroespacial. El hito más recordado de estos programas experimentales fue el vuelo del Bell X-1 en 1947, cuando Chuck Yeager se convirtió en el primer piloto en romper la barrera del sonido en vuelo nivelado. Desde entonces, los aviones “X” han establecido numerosos récords y han impulsado innovaciones clave en materiales, propulsión y aerodinámica.

El X-59, desarrollado en colaboración con Lockheed Martin Skunk Works, continúa esta tradición pionera y podría anticipar una nueva era de aviación comercial rápida y sostenible. Si logra demostrar que los vuelos supersónicos pueden convivir con las comunidades en tierra sin causar molestias acústicas, se allanará el camino para reactores comerciales capaces de reducir los tiempos de viaje intercontinentales a la mitad. Empresas privadas como Boom Supersonic o la propia Lockheed Martin ya han presentado prototipos de aviones civiles supersónicos inspirados en estas tecnologías.

En un contexto de creciente competencia internacional, con China y Rusia también investigando el vuelo supersónico civil y militar, este avance de la NASA refuerza el liderazgo estadounidense en el sector. La combinación de inversión pública y colaboración con la industria privada está permitiendo a Estados Unidos mantener la vanguardia en una carrera tecnológica que recuerda a los grandes hitos de la era espacial.

A la espera de los próximos vuelos y de las pruebas acústicas sobre zonas habitadas, el X-59 ha dado un paso decisivo hacia el renacimiento del vuelo comercial supersónico y silencioso, abriendo la puerta a una revolución en la forma de conectar el mundo.

(Fuente: NASA)