El satélite PACE de la NASA impulsa una nueva era en la observación global del océano y la atmósfera

En febrero de 2024, la NASA marcó un hito en la investigación terrestre con el lanzamiento de la misión PACE (Plankton, Aerosol, Cloud, ocean Ecosystem). Este ambicioso observatorio espacial se erige como pieza clave para desentrañar las complejas interacciones entre los sistemas biológicos y atmosféricos del planeta, aportando datos cruciales para entender mejor el cambio climático, el ciclo global del carbono y la salud de los ecosistemas marinos y atmosféricos.
Innovación tecnológica para la ciencia de la Tierra
PACE orbita la Tierra equipado con una suite instrumental de vanguardia, destacando el espectrorradiómetro hiperespectral OCI (Ocean Color Instrument), capaz de medir la luz reflejada por el océano en cientos de longitudes de onda diferentes. Esta capacidad permite a los científicos identificar desde el espacio la composición y abundancia de fitoplancton —los organismos microscópicos que forman la base de la cadena alimentaria marina—, así como discriminar diversos tipos de aerosoles y nubes en la atmósfera.
El satélite también transporta dos polarímetros, SPEXone y HARP2, diseñados para analizar con gran precisión la forma, tamaño y composición de las partículas en suspensión en la atmósfera. Estos datos son fundamentales para evaluar cómo los aerosoles afectan la formación de nubes, la radiación solar incidente y, en última instancia, el clima global.
Colaboraciones y experimentos complementarios
La misión PACE no se limita a sus sensores orbitales. La NASA ha financiado tres iniciativas complementarias para maximizar el rendimiento científico de la misión. Entre ellas destaca el experimento aéreo PACE-PAX, que utiliza aviones equipados con instrumentación avanzada para validar y calibrar los datos recogidos por el satélite, asegurando así la precisión y utilidad de sus observaciones.
Otra línea de trabajo clave es la colaboración internacional con agencias espaciales y centros de investigación oceanográfica y atmosférica de todo el mundo. Estas sinergias permitirán comparar los resultados de PACE con los obtenidos por satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), y otras entidades, contribuyendo a la construcción de una visión global y coordinada del sistema Tierra.
Importancia histórica y científica
El lanzamiento de PACE representa la culminación de más de una década de desarrollo tecnológico y científico. Esta misión se suma a una larga tradición de observación terrestre que la NASA inició con el clásico Landsat en los años 70 y que ha evolucionado a través de satélites como Terra, Aqua y Suomi NPP. Sin embargo, PACE introduce una resolución espectral y una sensibilidad sin precedentes para el estudio de la vida marina y los procesos atmosféricos, abriendo la puerta a descubrimientos sobre el papel de los océanos en la absorción de carbono y la regulación del clima.
Los datos de PACE serán vitales para entender fenómenos como las floraciones de algas nocivas, el blanqueamiento de corales, el transporte de polvo sahariano y su impacto sobre los ecosistemas, así como la dinámica de aerosoles que afectan a la calidad del aire y la salud humana.
Relevancia frente a los retos actuales
El contexto de cambio climático y la creciente preocupación por el estado de los océanos otorgan a PACE una relevancia indiscutible. Los mares absorben una cuarta parte del dióxido de carbono emitido por la actividad humana, y el fitoplancton juega un papel esencial en este proceso. Los datos de PACE permitirán modelar con mayor precisión el ciclo del carbono marino y anticipar respuestas de los ecosistemas a la acidificación y el calentamiento global.
Además, la monitorización continua de aerosoles y nubes servirá para mejorar los modelos climáticos y las predicciones meteorológicas, aportando información fundamental para la gestión de recursos y la toma de decisiones políticas a nivel global.
Panorama internacional y futuro
Mientras la NASA avanza con PACE, otras empresas y agencias espaciales continúan expandiendo la frontera de la observación terrestre y el estudio del espacio. SpaceX, por ejemplo, sigue incrementando su constelación Starlink y desarrollando la nave Starship, llamada a revolucionar la exploración interplanetaria. Blue Origin y Virgin Galactic, por su parte, mantienen su apuesta por el turismo espacial y el acceso comercial al espacio suborbital, mientras que la española PLD Space se prepara para realizar sus primeros lanzamientos orbitales con el cohete MIURA 5.
Por otro lado, la búsqueda de exoplanetas habitables avanza con el telescopio James Webb, que sigue desvelando secretos sobre atmósferas remotas y posibles condiciones para la vida fuera del Sistema Solar. La colaboración entre agencias públicas y privadas promete una nueva era dorada para la investigación espacial y el conocimiento del planeta Tierra.
Con PACE orbitando la Tierra, la NASA renueva su compromiso con la ciencia ambiental y la observación precisa del entorno planetario, proporcionando herramientas esenciales para afrontar los grandes desafíos del siglo XXI.
(Fuente: NASA)
