La sonda Juno revela el grosor de la corteza helada de Europa, la luna oceánica de Júpiter

La misión Juno de la NASA ha logrado arrojar nueva luz sobre uno de los grandes enigmas del Sistema Solar: la composición y el grosor de la capa de hielo que recubre Europa, una de las lunas más fascinantes de Júpiter y foco de la búsqueda de vida extraterrestre. Los últimos datos, obtenidos mediante el radiómetro de microondas (MWR) a bordo de la nave, han permitido a los científicos calcular con una precisión inédita el espesor medio de la corteza helada, situándolo en torno a los 29 kilómetros.
Europa, el cuarto mayor satélite de Júpiter, ha sido objeto de especulación y estudio desde que Galileo Galilei la observara por primera vez en 1610. Sin embargo, no fue hasta las últimas décadas, gracias a las misiones Voyager y Galileo, cuando se consolidó la hipótesis de que bajo su superficie helada se esconde un océano global de agua salada. Este océano, potencialmente más voluminoso que todos los mares terrestres juntos, convierte a Europa en un objetivo prioritario para la astrobiología moderna.
La misión Juno, lanzada en 2011 y en órbita alrededor de Júpiter desde 2016, cuenta con un instrumental de última generación diseñado para estudiar tanto el planeta gigante como sus lunas principales. El radiómetro de microondas, en particular, permite «ver» a través de las capas superficiales de hielo y obtener datos sobre su estructura interna a diferentes profundidades. Así, los investigadores han podido estimar que el casquete de Europa no solo es más grueso de lo que se pensaba en algunas zonas, sino que presenta una compleja estratificación.
Los resultados, publicados recientemente, indican que el grosor medio de la corteza ronda los 18 millas (29 kilómetros), aunque existen variaciones regionales que podrían revelar procesos dinámicos, como corrientes de convección en el hielo o la presencia de lagos subglaciales intercalados entre el océano y la superficie. Estos procesos podrían facilitar el intercambio de materiales entre el océano y la superficie, un factor crucial para la habitabilidad potencial de la luna.
La importancia de este descubrimiento radica en varios aspectos. Por un lado, conocer con precisión el grosor y la estructura de la corteza es fundamental para planificar futuras misiones que tengan como objetivo acceder al océano subterráneo, ya sea mediante perforación o el envío de sondas criobóticas. Por otro, los datos de Juno ayudan a afinar los modelos geofísicos de Europa y a comparar su evolución con la de otras lunas heladas del sistema joviano, como Ganímedes y Calisto.
La exploración de lunas heladas es una prioridad creciente en la agenda espacial internacional. La NASA tiene previsto lanzar en la próxima década la misión Europa Clipper, que orbitará la luna y llevará instrumentos aún más sofisticados para analizar su corteza y buscar posibles indicios de actividad biológica. La Agencia Espacial Europea (ESA), por su parte, ya ha puesto en marcha la sonda JUICE, destinada a estudiar en profundidad las lunas de Júpiter, entre ellas Europa.
En paralelo, el sector privado también muestra un interés creciente en la exploración de mundos helados. Empresas como SpaceX se postulan como posibles socios para el transporte de carga y equipos científicos a destinos lejanos, gracias a sus cohetes reutilizables y sus ambiciosos planes de exploración interplanetaria. Blue Origin, por su parte, avanza en el desarrollo de su lanzador New Glenn, con vistas a misiones de exploración más allá de la órbita terrestre. Mientras, compañías europeas como PLD Space comienzan a posicionarse en el mercado de lanzadores ligeros, abriendo nuevas posibilidades para la ciencia y la industria espacial española.
El hallazgo de Juno se enmarca, además, en el contexto de una auténtica revolución en la exploración de exoplanetas y mundos potencialmente habitables. Con telescopios espaciales como el James Webb, la comunidad científica busca identificar atmósferas y señales químicas en planetas lejanos, mientras las agencias espaciales públicas y privadas afianzan su cooperación en proyectos de vanguardia.
La comprensión detallada de la estructura interna de Europa constituye un paso crucial en la hoja de ruta hacia la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Los datos de Juno no solo confirman la existencia de un vasto océano bajo la superficie, sino que abren nuevas preguntas sobre los procesos geológicos y químicos que podrían estar actuando en las profundidades de la luna joviana.
El futuro de la exploración planetaria pasa, sin duda, por el estudio de estos mundos helados, donde el agua líquida, la energía interna y la química compleja podrían haber dado lugar a formas de vida aún por descubrir. Las próximas décadas prometen avances espectaculares en nuestra comprensión del cosmos y de nuestro lugar en él.
(Fuente: NASA)
