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Un potente terremoto en Yukon provoca avalanchas y deslaves en las montañas St. Elias

Un potente terremoto en Yukon provoca avalanchas y deslaves en las montañas St. Elias

Imágenes de radar obtenidas por satélites han revelado el alcance del impacto que ha tenido un reciente terremoto de gran magnitud en la región de Yukon, Canadá. El seísmo, que sacudió el remoto territorio en las inmediaciones de la cordillera St. Elias, desencadenó espectaculares avalanchas de nieve y desprendimientos de roca y hielo, modificando de forma visible el paisaje ártico.

El análisis de las imágenes satelitales, obtenidas mediante radar de apertura sintética (SAR), permite a los científicos observar la superficie terrestre incluso bajo condiciones meteorológicas adversas o cuando la zona permanece cubierta por nieve o nubes. Este tipo de tecnología es especialmente útil en regiones polares y montañosas como la de St. Elias, donde las condiciones ambientales impiden en muchas ocasiones el acceso y la observación directa.

El terremoto, registrado a finales de mayo, alcanzó una magnitud de 6,9 en la escala de Richter, según los datos recogidos por los servicios geológicos canadienses y corroborados por agencias internacionales. Su epicentro se localizó en una zona montañosa de difícil acceso, a varios cientos de kilómetros al noroeste de la ciudad de Whitehorse. La energía liberada por el seísmo fue suficiente para desencadenar una serie de avalanchas que arrastraron masas considerables de nieve, hielo y roca montaña abajo, alterando la morfología de valles y glaciares.

El impacto de este tipo de fenómenos no se limita a la erosión inmediata del terreno. Los expertos advierten de que los deslizamientos pueden bloquear ríos o modificar el flujo de los glaciares, con posibles consecuencias a largo plazo para los ecosistemas y las comunidades que dependen de estos recursos hídricos. Además, los cambios en la cobertura de nieve y hielo pueden acelerar el retroceso de los glaciares, un fenómeno que ya se observa en amplias zonas del norte debido al calentamiento global.

La observación de estos procesos ha sido posible gracias a la colaboración de diferentes agencias espaciales y empresas privadas, que han puesto a disposición sus satélites de observación terrestre. Entre ellas destaca la participación de la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y compañías como Maxar Technologies, que operan constelaciones de satélites equipados con radar y sensores ópticos de alta resolución. Estas plataformas permiten realizar un seguimiento casi en tiempo real de catástrofes naturales en cualquier punto del planeta.

El uso de tecnologías espaciales para el estudio de terremotos y sus efectos es ya una herramienta consolidada en la investigación geológica y medioambiental. Los satélites con radar de apertura sintética son capaces de detectar movimientos milimétricos en la superficie terrestre antes y después de un seísmo, lo que ayuda a los científicos a comprender mejor la dinámica de las fallas y a prever posibles réplicas o nuevos deslizamientos.

No solo agencias públicas como la NASA y la ESA están impulsando estos avances. Empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, aunque más centradas en el lanzamiento de cohetes y el transporte espacial, contribuyen indirectamente al despliegue de satélites comerciales que mejoran la cobertura y la resolución de las imágenes disponibles para la comunidad internacional. Por su parte, la española PLD Space, que recientemente ha realizado exitosos lanzamientos de cohetes suborbitales, aspira a incorporarse en el futuro al mercado de satélites de observación, reforzando la autonomía europea en este campo.

La capacidad de documentar las consecuencias de un terremoto en entornos remotos como Yukon es un claro ejemplo de la revolución tecnológica que vive la observación de la Tierra desde el espacio. Este avance ha permitido también, en los últimos años, la detección de cambios sutiles en la superficie de exoplanetas, gracias a la creciente resolución de los telescopios espaciales y a los algoritmos de análisis de datos impulsados por inteligencia artificial.

En el caso concreto del terremoto en las montañas St. Elias, los datos recogidos permitirán a los científicos evaluar los riesgos de futuras avalanchas y mejorar los modelos de predicción de desastres naturales en zonas de difícil acceso. Además, el intercambio de información entre agencias públicas y empresas privadas consolida una colaboración internacional clave para enfrentar los retos medioambientales y geológicos del siglo XXI.

La integración de la tecnología satelital en la monitorización de catástrofes naturales demuestra el papel cada vez más relevante que juegan tanto las agencias espaciales tradicionales como las nuevas empresas del sector en la protección del medio ambiente y la seguridad de las poblaciones.

(Fuente: NASA)