Explosión de un cohete Long March 7A interrumpe misión secreta china en pleno vuelo

La industria espacial internacional ha sido testigo de un nuevo revés para el programa espacial chino. Un cohete Long March 7A, uno de los lanzadores más recientes y avanzados de China, sufrió una grave anomalía y explotó poco después de despegar desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Wenchang, en la provincia isleña de Hainan. El incidente, captado por observadores aficionados y compartido rápidamente en redes sociales, supone la pérdida de un cargamento cuya naturaleza no ha sido revelada por las autoridades chinas.
El Long March 7A, conocido en mandarín como Chang Zheng 7A, es un vector de nueva generación que China utiliza para misiones de órbita geoestacionaria y misiones de transferencia a órbitas altas. El accidente se produjo menos de 90 segundos tras el encendido de los motores, cuando el cohete se encontraba aún ascendiendo por la atmósfera terrestre. En el vídeo difundido, se observa una explosión masiva seguida de la desintegración del lanzador, lo que sugiere un fallo catastrófico de uno o varios sistemas críticos.
La agencia espacial china, la CNSA, no ha facilitado detalles sobre la carga perdida, lo que alimenta las especulaciones sobre la naturaleza del satélite o instrumento que transportaba la misión. En ocasiones anteriores, los lanzamientos del Long March 7A se han utilizado para poner en órbita satélites militares, tecnológicos experimentales o instrumentos de observación terrestre y comunicaciones, algunos de ellos clasificados.
El Long March 7A es uno de los últimos exponentes de la familia de cohetes Long March, cuyo desarrollo comenzó en los años 70 y que ha evolucionado hasta convertirse en la columna vertebral del acceso chino al espacio. El modelo 7A fue concebido para llenar el vacío entre los lanzadores de media y gran capacidad del país, empleando propulsantes líquidos «verdes» (queroseno y oxígeno líquido) en lugar de los tradicionales combustibles hipergólicos, mucho más tóxicos. El 7A puede transportar más de 7 toneladas a órbita baja y cerca de 2 toneladas a órbita geoestacionaria, lo que lo sitúa como competidor directo de lanzadores comerciales occidentales como el Falcon 9 de SpaceX o el Ariane 5 europeo en determinadas misiones.
Este accidente representa un golpe para la fiabilidad percibida del programa chino, especialmente en un momento en el que las agencias espaciales privadas y públicas de todo el mundo avanzan a gran velocidad. SpaceX, por ejemplo, ha superado recientemente los 300 lanzamientos exitosos con su familia Falcon, y prepara el estreno del gigantesco Starship para misiones lunares y marcianas en colaboración con la NASA. Por su parte, Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, prevé realizar este año su primer vuelo orbital del New Glenn, un cohete reutilizable con el que aspira a competir en el mercado internacional de lanzamientos comerciales.
En Europa, la empresa española PLD Space ha logrado recientemente posicionar su cohete Miura 1 como primer lanzador suborbital privado construido íntegramente en España, mientras que Virgin Galactic continúa expandiendo su oferta de vuelos suborbitales para turistas espaciales, pese a los desafíos financieros y técnicos que enfrenta. Todo ello en un contexto de creciente interés por el estudio de exoplanetas y el despliegue de constelaciones satelitales para comunicaciones y observación terrestre, en el que la fiabilidad y la capacidad de los cohetes son factores clave para el liderazgo internacional.
El historial de la familia Long March, a pesar de algunos incidentes en las últimas décadas, es globalmente positivo, con cientos de misiones exitosas. No obstante, los fallos, aunque raros, ponen de relieve los riesgos inherentes a cualquier operación espacial. El accidente del Long March 7A recuerda al fracaso de su primer vuelo en 2020, que también resultó en la pérdida de la carga útil. Tras ese revés, los ingenieros chinos implementaron numerosas mejoras, consiguiendo posteriormente una racha de lanzamientos exitosos. Habrá que esperar al análisis de la caja negra y los restos recuperados para esclarecer las causas técnicas del incidente y las posibles mejoras a implantar.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención. Los recientes éxitos de SpaceX, como el despliegue regular de satélites Starlink y el desarrollo de cápsulas Dragon para transporte de astronautas a la ISS, han elevado el listón en cuanto a fiabilidad y reutilización. La NASA, por su parte, avanza en el programa Artemis para el regreso a la Luna, y mantiene colaboraciones con agencias como la ESA y empresas privadas para el futuro de la exploración espacial.
En definitiva, el accidente del Long March 7A supone una pausa inesperada en el ambicioso plan espacial chino, pero también un recordatorio de la dificultad técnica y la importancia de la transparencia informativa en el sector aeroespacial global. La competencia entre agencias y empresas por conquistar el espacio sigue siendo feroz, y cada lanzamiento cuenta en la carrera hacia nuevas fronteras. Habrá que seguir atentos a las próximas misiones de China y sus rivales para ver cómo evoluciona el equilibrio de poder en la órbita terrestre y más allá.
(Fuente: SpaceNews)
