La misión Artemis II: el nuevo pulso lunar entre EE. UU., China y el auge de SpaceX

Cuando la misión Artemis II encienda sus motores y abandone la plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, no solo pondrá en órbita a cuatro astronautas para realizar una travesía de diez días alrededor de la Luna. Este acontecimiento marcará el inicio de una nueva era en la exploración espacial, un capítulo donde se entrelazan ambiciones geopolíticas, intereses comerciales y el eterno anhelo humano de conquistar lo desconocido. A pesar de que tanto Washington como Pekín insisten en negar la existencia de una auténtica carrera lunar, la realidad es que ambas potencias se encuentran en pleno pulso por liderar el regreso a nuestro satélite natural. En este escenario, SpaceX, la compañía de Elon Musk, ha emergido como actor clave, situándose en el epicentro de este desafío global.
NASA y el programa Artemis: el regreso estadounidense a la Luna
La misión Artemis II, prevista para mediados de la década de 2020, constituye el siguiente gran paso de NASA tras el éxito de Artemis I, que demostró la viabilidad de los nuevos sistemas de lanzamiento y la nave Orión. Artemis II será la primera misión tripulada del programa, llevando a bordo a cuatro astronautas —tres estadounidenses y un canadiense— que circunnavegarán la Luna sin llegar a aterrizar. El objetivo principal es validar todos los sistemas vitales y los procedimientos necesarios para futuras misiones, especialmente Artemis III, en la que se planea, por primera vez desde 1972, un alunizaje tripulado.
El pilar tecnológico del programa es el cohete SLS (Space Launch System), el más potente jamás construido por Estados Unidos, junto con la nave Orión, capaz de albergar misiones de larga duración fuera de la órbita terrestre. Pero el gran salto llegará con la colaboración de SpaceX, que será la encargada de proporcionar la nave Starship como módulo de aterrizaje lunar. Esta decisión ha situado a la empresa de Musk en una posición de privilegio, convirtiéndola en socio imprescindible para los planes de NASA y, por extensión, en pieza clave del tablero global de la exploración lunar.
China acelera con su propio programa lunar
Por su parte, China avanza sin pausa en su propio programa lunar, con una hoja de ruta que contempla el envío de astronautas (taikonautas) a la superficie de la Luna antes de 2030. La CNSA (Administración Nacional del Espacio de China) ha logrado hitos notables con las misiones Chang’e, incluyendo el regreso exitoso de muestras lunares y el despliegue de vehículos exploradores. El siguiente gran reto será la misión tripulada, para la que ya se están desarrollando cohetes de nueva generación y módulos habitables.
El interés chino no es meramente científico; responde también a la voluntad de demostrar capacidades tecnológicas y asegurar acceso a los recursos lunares, como el hielo de agua en los polos, potencialmente valioso para la producción de combustible y la autosuficiencia en futuras bases lunares.
SpaceX: de contratista a líder de la industria
La implicación de SpaceX en el programa Artemis va mucho más allá de la provisión de lanzadores. La compañía ha revolucionado la industria espacial con su cohete reutilizable Falcon 9, su cápsula Dragon y, próximamente, con el sistema Starship, concebido no solo para la Luna, sino también para Marte. El contrato de NASA para el módulo lunar ha supuesto un espaldarazo decisivo para la empresa, que ya acapara la mayor parte del mercado mundial de lanzamientos comerciales.
La ambición de Musk de convertir al ser humano en una “especie multiplanetaria” se alinea con los intereses estratégicos estadounidenses, pero también plantea nuevos interrogantes sobre el papel de las empresas privadas en la gobernanza del espacio. SpaceX, además, compite con otras firmas emergentes como Blue Origin, de Jeff Bezos, que recientemente ha logrado avances significativos con su cohete New Glenn y su módulo Blue Moon, aunque todavía no ha logrado captar contratos tan sustanciosos como los de su rival.
Europa y España: aportación creciente
Europa, de la mano de la Agencia Espacial Europea (ESA), participa activamente en Artemis, contribuyendo con el módulo de servicio de la nave Orión y desarrollando tecnologías esenciales para la sostenibilidad de las misiones. España, a través de empresas como GMV y Sener, y especialmente la ilicitana PLD Space, que ha realizado con éxito el lanzamiento del pequeño cohete Miura 1, comienza a posicionarse como actor relevante en el sector de los lanzadores ligeros, abriendo nuevas oportunidades para la industria nacional.
El futuro: exoplanetas y más allá
Mientras la Luna vuelve a ser el centro de atención, la exploración de exoplanetas y el estudio de mundos habitables siguen avanzando. La NASA, la ESA y otras agencias públicas y privadas, como Virgin Galactic, continúan desarrollando misiones y tecnologías que, en el futuro, permitirán ampliar el radio de acción de la humanidad más allá del sistema solar.
En definitiva, el lanzamiento de Artemis II no solo representa el regreso del ser humano a la órbita lunar, sino el inicio de una nueva era en la que la cooperación y la competencia internacional, junto con el auge de la industria privada, determinarán el futuro de la exploración espacial. Un futuro en el que la Luna es solo el primer peldaño hacia metas aún más ambiciosas.
(Fuente: SpaceDaily)
