El satélite Sentinel-1D de Copernicus entra en servicio tras superar con éxito su fase de pruebas en órbita

El último miembro de la constelación europea Copernicus, el Sentinel-1D, ha alcanzado un hito clave en su misión tras completar de manera satisfactoria el exigente periodo de puesta en marcha en órbita, también conocido como fase de verificación crítica. Lanzado en noviembre del año pasado, este satélite de última generación se suma oficialmente a las operaciones regulares del programa, reforzando notablemente la capacidad de observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA).
El Sentinel-1D representa la cuarta unidad de la serie Sentinel-1, una constelación fundamental para la monitorización continua del planeta a través de radar de apertura sintética (SAR). Esta tecnología, que permite obtener imágenes de alta resolución tanto de día como de noche y en cualquier condición meteorológica, es esencial para aplicaciones tan diversas como la gestión de emergencias por desastres naturales, la vigilancia de la dinámica terrestre y marina, y el seguimiento del cambio climático.
La constelación Sentinel-1 comenzó su andadura en 2014 con el lanzamiento del Sentinel-1A, al que siguió un año después el Sentinel-1B. Sin embargo, la inesperada avería del 1B en 2022, que lo dejó fuera de servicio, supuso una merma considerable en la frecuencia de revisita y la cobertura de datos, comprometiendo el flujo de información a miles de usuarios científicos, institucionales y comerciales en todo el mundo. El despliegue del Sentinel-1D supone, por tanto, un alivio para la continuidad del programa hasta que el Sentinel-1C —ya en fase avanzada de preparación— pueda ser lanzado.
La fase de puesta en marcha en órbita del Sentinel-1D ha consistido en una serie de pruebas exhaustivas orientadas a comprobar la integridad de sus sistemas, la precisión de sus instrumentos y la calibración de sus sensores. Este proceso, que habitualmente dura varios meses, es imprescindible para garantizar la calidad de los datos y la seguridad de las operaciones antes de que el satélite comience a recopilar y transmitir información al sistema Copernicus.
Dotado de un radar C-SAR avanzado, el Sentinel-1D es capaz de cartografiar superficies terrestres, hielo polar y océanos con una resolución espacial de hasta 5 metros, y con una capacidad de revisita de tan solo 6 días en combinación con el resto de satélites de la constelación. Su misión será clave para el seguimiento de inundaciones, terremotos, hundimientos de terreno, desplazamiento de glaciares y derrames de hidrocarburos, proporcionando datos críticos en tiempo casi real a los servicios de protección civil y a las autoridades medioambientales europeas y globales.
El programa Copernicus, dirigido por la Comisión Europea en colaboración con la ESA, es la mayor iniciativa mundial de observación de la Tierra. Gracias a una flota de satélites Sentinel y una red de estaciones terrestres, Copernicus suministra datos abiertos y gratuitos para la investigación científica, la planificación urbana, la gestión forestal, la agricultura de precisión y la respuesta rápida ante catástrofes. Con la incorporación del Sentinel-1D, la iniciativa refuerza su liderazgo tecnológico y su compromiso con la sostenibilidad y la seguridad del planeta.
En el contexto internacional, el avance europeo contrasta con los recientes desafíos a los que se enfrentan otras grandes potencias espaciales. Mientras SpaceX continúa batiendo récords de lanzamientos reutilizables y Blue Origin prepara nuevos vuelos suborbitales con su New Shepard, la NASA concentra sus esfuerzos en el regreso a la Luna con el programa Artemis y la exploración de exoplanetas mediante misiones como TESS y el telescopio James Webb. Por su parte, empresas emergentes como la española PLD Space avanzan en el desarrollo de micro-lanzadores reutilizables —como el Miura 1 y el futuro Miura 5—, posicionando a Europa en la vanguardia de los servicios de acceso al espacio para cargas ligeras.
La entrada en servicio del Sentinel-1D no solo fortalece la autonomía estratégica de Europa en materia de observación terrestre, sino que también amplía la cooperación internacional en el intercambio de datos científicos y la respuesta coordinada ante amenazas globales como el cambio climático o la gestión de recursos naturales. La ESA y la Comisión Europea han confirmado que los datos del Sentinel-1D estarán disponibles para la comunidad global bajo una política de acceso abierto, favoreciendo la investigación y la innovación en sectores clave para el desarrollo sostenible.
Con la puesta en marcha oficial del Sentinel-1D, Europa consolida su liderazgo en la vigilancia continua y precisa del medio ambiente terrestre y marítimo, demostrando el valor estratégico de la colaboración público-privada y el compromiso con la ciencia abierta para afrontar los grandes retos del siglo XXI.
(Fuente: ESA)
