La NASA y Eta Space prueban el repostaje orbital con oxígeno líquido para misiones a Marte

La NASA ha dado un paso clave hacia el futuro de la exploración espacial mediante una colaboración con la empresa estadounidense Eta Space, con sede en Rockledge, Florida. Ambas entidades han anunciado el desarrollo de un ambicioso experimento orbital: la demostración LOXSAT, dedicada a probar tecnologías de gestión criogénica en el espacio, con el objetivo de viabilizar los primeros depósitos orbitales de combustible, auténticas “gasolineras espaciales” que podrían revolucionar los viajes interplanetarios.
El proyecto, denominado Liquid Oxygen Flight Demonstration (LOXSAT), se centra en el almacenamiento y manejo en órbita de oxígeno líquido, un elemento esencial en la propulsión de cohetes. La manipulación de este tipo de combustible resulta especialmente compleja en el entorno espacial debido a su temperatura extremadamente baja —por debajo de los -183°C— y la tendencia natural de los líquidos criogénicos a evaporarse en ausencia de gravedad. Por tanto, el éxito de LOXSAT supondría un avance fundamental para la creación de infraestructuras de repostaje en el espacio, permitiendo a naves realizar trayectos más largos y ambiciosos, como los previstos hacia Marte o la Luna.
La gestión de fluidos criogénicos en el espacio es uno de los grandes retos tecnológicos de la actual carrera espacial, tanto para agencias públicas como para empresas privadas. La NASA lleva décadas investigando cómo almacenar y transferir estos combustibles en microgravedad, pero hasta ahora las soluciones prácticas han sido limitadas. LOXSAT aspira a validar tecnologías avanzadas de aislamiento térmico, sensores de medición de nivel y técnicas de transferencia de líquidos en condiciones de ingravidez.
La colaboración con Eta Space, una start-up especializada en criogenia espacial, representa un ejemplo paradigmático del nuevo enfoque de la NASA, que combina recursos públicos y privados para acelerar la innovación. El experimento LOXSAT se enmarca dentro del programa Tipping Point de la agencia estadounidense, diseñado para madurar tecnologías con alto potencial de impacto en la exploración espacial.
El funcionamiento de los depósitos orbitales cambiaría radicalmente la arquitectura de las misiones más allá de la órbita baja. Actualmente, los cohetes deben transportar todo su combustible desde la Tierra, lo que limita la carga útil y encarece enormemente cualquier expedición. Con estaciones de repostaje en órbita, las naves espaciales podrían salir de la Tierra con menos peso y reabastecerse antes de emprender largas travesías, como el viaje a Marte o el establecimiento de bases permanentes en la Luna.
Empresas como SpaceX o Blue Origin, que han manifestado su interés por la colonización lunar y marciana, podrían beneficiarse enormemente de estas infraestructuras. SpaceX, por ejemplo, ha planificado que su nave Starship realice varias maniobras de transferencia de combustible en órbita antes de dirigirse a Marte. Lograr que el oxígeno líquido —uno de los dos componentes principales del combustible de Starship, junto al metano— pueda almacenarse y transferirse de forma segura en el espacio, es esencial para que estos planes se conviertan en realidad.
El interés por el repostaje orbital no se limita a Estados Unidos. En Europa, la empresa española PLD Space ha puesto en órbita recientemente su cohete Miura 1, y mira hacia el futuro con el desarrollo del Miura 5. Aunque por el momento se centra en lanzamientos suborbitales y pequeños satélites, el éxito de tecnologías como LOXSAT podría abrir la puerta a colaboraciones internacionales para establecer una red global de infraestructuras de repostaje.
La demostración LOXSAT también podría tener aplicaciones en otros ámbitos, como la exploración de exoplanetas o la minería de recursos en asteroides. Si los depósitos orbitales se convierten en una realidad, las agencias espaciales públicas y privadas dispondrán de un trampolín logístico fundamental para expandir la presencia humana y robótica más allá de la órbita terrestre.
A lo largo de la historia de la exploración espacial, cada innovación tecnológica ha supuesto un salto exponencial en las capacidades humanas. Desde la llegada a la Luna hasta la instalación de la Estación Espacial Internacional, el dominio de la tecnología ha sido la clave del progreso. Ahora, con proyectos como LOXSAT, la humanidad se prepara para una nueva era en la que repostar en el espacio podría ser tan habitual como hacerlo en la Tierra.
Con este tipo de avances, el sueño de viajar a Marte, establecer colonias permanentes en la Luna o explorar los exoplanetas más cercanos está un poco más cerca de convertirse en realidad. La colaboración entre la NASA y Eta Space marca un hito en la carrera por el desarrollo de tecnologías esenciales para la exploración profunda del sistema solar y, en última instancia, para el futuro de la humanidad más allá de nuestro planeta.
(Fuente: NASA)
