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La start-up SOAR y la Universidad de Texas se alían para combatir los riesgos de la basura espacial

La start-up SOAR y la Universidad de Texas se alían para combatir los riesgos de la basura espacial

El desafío que supone la proliferación de escombros en la órbita terrestre baja (LEO) está impulsando a nuevas empresas y centros de investigación a buscar soluciones innovadoras. En este contexto, la joven empresa estadounidense Satellite Orbital Access and Removal (SOAR), con sede en Florida, ha anunciado una colaboración estratégica con la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) para desarrollar un sistema pasivo capaz de capturar pequeños fragmentos de basura espacial, uno de los principales peligros para las misiones actuales y futuras.

La basura espacial, formada por restos de cohetes, satélites fuera de servicio y fragmentos generados por colisiones o explosiones, representa una amenaza creciente tanto para satélites en funcionamiento como para la Estación Espacial Internacional (ISS). Según la NASA, existen más de 36.000 objetos mayores de 10 centímetros orbitando nuestro planeta, pero el número de piezas más pequeñas, entre 1 y 10 centímetros, podría superar el millón. Estos fragmentos, aunque diminutos, pueden causar daños catastróficos debido a las altísimas velocidades a las que circulan, en torno a los 28.000 kilómetros por hora.

El proyecto conjunto entre SOAR y UTEP se centra precisamente en este rango de fragmentos pequeños, difíciles de rastrear y, por tanto, especialmente peligrosos. A diferencia de las tecnologías activas —como los brazos robóticos desarrollados por la Agencia Espacial Europea (ESA) o los sistemas de red y arpones que han probado empresas como Astroscale—, la iniciativa de SOAR apuesta por un método pasivo: se trataría de desplegar estructuras capaces de «atrapar» o ralentizar estos fragmentos para que acaben reentrando en la atmósfera y se desintegren de forma controlada.

Aunque no se han desvelado detalles técnicos exhaustivos, la idea recuerda a proyectos previos como los velos de arrastre (drag sails) que se han probado en misiones como RemoveDEBRIS de la ESA o la japonesa ALE. Estos dispositivos aprovechan la tenue atmósfera de la órbita baja para aumentar la resistencia de los objetos y acelerar su caída. El sistema que SOAR y UTEP están desarrollando podría combinar materiales avanzados y geometrías optimizadas para maximizar la captura de partículas sin suponer un riesgo añadido para otros satélites.

La colaboración entre empresa y universidad también pone de relieve la tendencia creciente en el sector espacial a establecer alianzas público-privadas y a involucrar a instituciones académicas en la investigación aplicada. Según portavoces de SOAR, el acuerdo con UTEP permitirá acceder a laboratorios de última generación y a un equipo multidisciplinar de ingenieros y estudiantes especializados en materiales aeroespaciales y dinámica orbital.

Este anuncio llega en un momento de especial sensibilidad respecto a la gestión del entorno orbital. El aumento exponencial de lanzamientos —impulsado por la carrera de empresas privadas como SpaceX, con su constelación Starlink, o la propia Amazon a través de su Proyecto Kuiper— está saturando la órbita baja y complicando la convivencia de satélites. De hecho, la NASA y la ESA han tenido que modificar trayectorias de la ISS en varias ocasiones para esquivar fragmentos potencialmente peligrosos.

A nivel internacional, se están debatiendo normativas más estrictas para garantizar que los operadores de satélites dispongan de planes de retirada al final de la vida útil de sus dispositivos. Iniciativas como la de SOAR y UTEP pueden convertirse en un complemento esencial a estas regulaciones, facilitando la limpieza activa de una «autopista espacial» cada vez más congestionada.

El interés por la limpieza orbital también se refleja en la inversión de grandes potencias y empresas. Astroscale, con sede en Japón y Reino Unido, ha recibido financiación tanto pública como privada para sus demostradores de captura y desorbitado. La ESA, por su parte, ha adjudicado contratos a compañías como ClearSpace para empezar a retirar grandes objetos. Mientras, startups estadounidenses están apostando por tecnologías complementarias que permitan atacar el problema de los fragmentos pequeños, tradicionalmente más difíciles de gestionar.

El reto de la basura espacial no es menor: según simulaciones recientes, el riesgo de colisiones catastróficas aumentará de forma exponencial si no se toman medidas urgentes. Un solo impacto puede generar miles de nuevos fragmentos, alimentando el temido efecto Kessler, una reacción en cadena que podría inutilizar regiones enteras del espacio cercano a la Tierra.

En este contexto, la alianza entre SOAR y la Universidad de Texas en El Paso representa una apuesta esperanzadora por soluciones prácticas y escalables. Si logran validar su sistema pasivo de captura, podrían sentar las bases para una nueva generación de «barrenderos espaciales» que ayuden a preservar el acceso seguro y sostenible a la órbita baja, una región crítica tanto para las telecomunicaciones, la observación terrestre y la investigación científica como para la futura exploración lunar y marciana.

El desarrollo de tecnologías orientadas a la gestión responsable del espacio es ya una prioridad global, y solo mediante la colaboración de empresas innovadoras, universidades y agencias espaciales públicas y privadas se podrá hacer frente a este desafío sin precedentes.

(Fuente: SpaceNews)