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El Niño: el fenómeno que calienta y vuelve más salada la superficie del Pacífico

El Niño: el fenómeno que calienta y vuelve más salada la superficie del Pacífico

El océano Pacífico está entrando en una nueva fase de El Niño, un fenómeno climático que altera los patrones meteorológicos en todo el planeta. Científicos de agencias espaciales como la NASA y la ESA, junto con equipos de investigación oceanográfica internacional, vigilan de cerca no solo los cambios en la temperatura superficial del mar, sino también las variaciones en la salinidad, un parámetro que ha cobrado creciente importancia para entender y predecir los efectos de El Niño.

El Niño es una fase cálida del ciclo conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), caracterizado por el debilitamiento de los vientos alisios en el Pacífico ecuatorial. Esto provoca que el agua cálida de la superficie, que normalmente se acumula en el oeste del Pacífico, se desplace hacia el este, acercándose a las costas de Sudamérica. Tradicionalmente, los científicos han monitorizado El Niño mediante el seguimiento de las anomalías en la temperatura superficial del mar, detectadas con satélites especializados y boyas oceánicas.

Sin embargo, en los últimos años se ha puesto el foco también en la salinidad del agua superficial. Este parámetro, que indica la concentración de sales disueltas, está íntimamente ligado al ciclo hidrológico global. Durante un evento de El Niño, las zonas donde el agua se calienta tienden a evaporarse más rápidamente, aumentando la salinidad, mientras que la mayor frecuencia de precipitaciones en otras regiones puede reducirla.

La ESA, a través de su misión SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity), y la NASA, con el satélite Aquarius (operativo hasta 2015) y los datos del actual satélite SWOT, han sido pioneras en la medición de estos parámetros desde el espacio. Los sensores de microondas a bordo de estos satélites pueden detectar con precisión los cambios en la salinidad y la temperatura superficial del mar a escala global, lo cual es fundamental para comprender la dinámica de El Niño y sus impactos planetarios.

La interacción entre temperatura y salinidad no solo afecta la circulación oceánica, sino también la capacidad del océano para absorber CO₂ atmosférico y su influencia sobre el clima global. Por ejemplo, durante El Niño, el agua cálida y menos densa disminuye el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes frente a las costas de Perú y Ecuador, lo que afecta gravemente a las poblaciones de peces y, por ende, a las economías locales.

A nivel mundial, El Niño suele traer consigo un aumento de las temperaturas globales, sequías en Australia e Indonesia, lluvias torrenciales en la costa occidental de Sudamérica y perturbaciones en la agricultura y la pesca a escala internacional. Las imágenes de satélite permiten anticipar estos cambios y mejorar los modelos climáticos, algo esencial para mitigar los daños sociales y económicos asociados a este fenómeno.

En paralelo al seguimiento desde el espacio, los datos recogidos por la red internacional de boyas Argo permiten validar y complementar las mediciones de los satélites. Argo, con más de 3.000 boyas distribuidas por todos los océanos, ofrece datos en tiempo real sobre temperatura y salinidad hasta 2.000 metros de profundidad, proporcionando una visión tridimensional de la evolución de El Niño.

El estudio del fenómeno ha evolucionado notablemente desde su primer reconocimiento a finales del siglo XIX, cuando pescadores peruanos observaron el calentamiento anómalo de las aguas costeras alrededor de Navidad, al que llamaron «El Niño» en referencia al Niño Jesús. Desde entonces, la comprensión científica ha avanzado gracias a la colaboración internacional y las nuevas tecnologías espaciales.

El análisis de satélites como SMOS y SWOT no solo es vital para la predicción meteorológica, sino que también sirve de guía para la toma de decisiones en sectores tan diversos como la agricultura, la gestión de recursos hídricos y la prevención de catástrofes naturales. Además, estos datos contribuyen al estudio de cómo el cambio climático está alterando la frecuencia e intensidad de los eventos de El Niño, un aspecto crucial para la adaptación futura de las sociedades humanas.

El seguimiento preciso de la temperatura y la salinidad superficial del mar se ha convertido en una herramienta indispensable para anticipar los efectos del ciclo ENSO y afrontar sus consecuencias globales. Mientras el Pacífico se encamina hacia una nueva fase de El Niño, la observación desde el espacio y el mar promete desvelar los secretos de uno de los motores climáticos más poderosos del planeta.

(Fuente: ESA)