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El nuevo avión de gravedad reducida de la NASA ya luce sus colores y se prepara para vuelos lunares

El nuevo avión de gravedad reducida de la NASA ya luce sus colores y se prepara para vuelos lunares

La NASA avanza a paso firme en el desarrollo de su propio avión de ensayos en microgravedad, un elemento clave para las futuras misiones tripuladas a la Luna y Marte. Esta semana, el Boeing 737 adquirido por la agencia estadounidense ha recibido su característico esquema de pintura en Oklahoma, dejando atrás su pasado militar bajo la tutela de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y acercándose a su nueva vida como laboratorio volante.

El aparato, ahora bajo la gestión del Centro Armstrong de Investigación de Vuelo de la NASA, ubicado en Edwards, California, fue transferido oficialmente a la agencia espacial el pasado mes de junio. Desde entonces, ha iniciado un proceso de transformación para adaptarse a las exigencias de los ensayos de gravedad reducida, una herramienta fundamental para validar tecnologías, entrenar astronautas y probar experimentos científicos en condiciones similares a las que se encontrarán en la superficie lunar.

Un clásico renovado para la exploración espacial

El Boeing 737 es uno de los aviones comerciales más emblemáticos de la historia de la aviación, con miles de unidades operando en aerolíneas de todo el mundo. Sin embargo, en manos de la NASA, este veterano aparato se convertirá en una sofisticada plataforma de pruebas capaz de reproducir, durante breves intervalos, la gravedad existente en la Luna (aproximadamente una sexta parte de la terrestre) o incluso la ausencia casi total de peso que caracteriza a la órbita baja terrestre.

Para lograr este efecto, el avión realizará maniobras parabólicas, ascendiendo y descendiendo en trayectorias cuidadosamente calculadas. Durante unos 20 a 30 segundos en la cima de cada parábola, los ocupantes y los equipos a bordo experimentan una reducción drástica de la gravedad, lo que permite simular el entorno de la superficie lunar o el espacio exterior. Este tipo de vuelos ha sido utilizado desde la década de 1950, cuando la NASA comenzó a preparar sus primeras misiones tripuladas.

Un legado de vuelos parabólicos: del «Vomit Comet» al 737 de la NASA

El uso de aviones para simular microgravedad tiene una larga tradición dentro de la NASA. El mítico «Vomit Comet», apodo que recibieron antiguos aviones KC-135 y posteriormente un C-9, formó parte de la historia de la agencia durante más de medio siglo. En ellos se entrenaron astronautas de los programas Gemini, Apollo y Shuttle, y se llevaron a cabo experimentos científicos de gran relevancia.

Sin embargo, tras el retiro de estos aviones en la década pasada, la NASA había recurrido fundamentalmente a operadores privados, como Zero Gravity Corporation, que utilizan aviones comerciales adaptados para realizar estos vuelos. Con la incorporación del nuevo 737, la agencia recupera así la capacidad de gestionar directamente su propio programa de vuelos parabólicos y adaptar la configuración del aparato a las necesidades concretas de cada misión.

Tecnología y ciencia rumbo a la Luna y Marte

El renovado avión de la NASA será esencial en el marco del programa Artemis, cuyo objetivo es devolver a los astronautas estadounidenses a la superficie lunar en esta década. Antes de enviar humanos a la Luna o a Marte, es imprescindible validar en condiciones realistas los sistemas de soporte vital, los trajes espaciales, los experimentos científicos y las herramientas que se utilizarán en estos entornos extremos.

Además, los vuelos parabólicos facilitan el entrenamiento de los astronautas, permitiéndoles familiarizarse con las sensaciones y desafíos propios de la gravedad reducida. También son una oportunidad única para educadores y estudiantes, que pueden participar en experimentos de física, biología o ingeniería en condiciones imposibles de recrear en la Tierra.

Un panorama internacional: avances privados y públicos en vuelos suborbitales

El resurgir del avión de gravedad reducida de la NASA se produce en un contexto de efervescencia en la industria aeroespacial. Compañías privadas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic exploran nuevas formas de acceso al espacio y de realización de experimentos en microgravedad, tanto en vuelos suborbitales como en misiones orbitales.

En Europa, la española PLD Space también está desarrollando vehículos que permiten experimentar la ingravidez durante breves lapsos, además de contribuir al avance tecnológico del sector espacial europeo. Estas iniciativas, junto a los esfuerzos de agencias como la ESA, Roscosmos o la japonesa JAXA, configuran un panorama en el que la investigación en condiciones de microgravedad se convierte en un elemento transversal y crucial para el futuro de la exploración espacial.

El Boeing 737 de la NASA, con su nueva imagen y sus avanzadas capacidades, simboliza el retorno de la agencia al liderazgo en la investigación de vuelos parabólicos. Se espera que, una vez concluidas las modificaciones, comience a operar en los próximos meses, abriendo una nueva etapa de experimentación y formación para la era Artemis.

El renovado avión de la NASA está llamado a ser una pieza clave en la preparación de las misiones que llevarán a la humanidad de vuelta a la Luna y, en un futuro no tan lejano, a Marte. (Fuente: NASA)