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Rocas volcánicas flotantes invaden el mar de Bismarck tras una erupción submarina

Rocas volcánicas flotantes invaden el mar de Bismarck tras una erupción submarina

Un fenómeno volcánico poco habitual ha alterado la vida en varias islas del Pacífico sur. Una reciente erupción submarina en la región del Mar de Bismarck, situada entre Papúa Nueva Guinea y el archipiélago de Bismarck, ha provocado la formación de una vasta balsa de piedra pómez que, impulsada por las corrientes marinas, ha alcanzado las costas de diversas islas cercanas, generando problemas ecológicos y logísticos para los habitantes locales.

La erupción, que tuvo lugar bajo el agua, arrojó al mar millones de fragmentos de piedra pómez, una roca volcánica extremadamente ligera y porosa debido a la rápida desgasificación del magma durante la explosión. Esta particularidad permite a la piedra pómez flotar en la superficie del océano, formando auténticos tapices rocosos de varios kilómetros de extensión. Satélites de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han seguido la evolución de la balsa, que ha recorrido cientos de kilómetros, arrastrada por las corrientes y el viento.

El fenómeno de las balsas de piedra pómez no es completamente nuevo. En 2012, una erupción similar frente a las costas de Tonga generó una masa flotante que llegó a cubrir más de 25.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a la provincia de Salamanca. Aquella balsa fue rastreada por satélites de observación terrestre, que demostraron la utilidad de la teledetección para monitorizar estos eventos y prever su impacto en las rutas marítimas y las costas.

En esta ocasión, la balsa de piedra pómez ha asolado las costas de varias islas del archipiélago de Bismarck, bloqueando puertos, dañando la pesca local y alterando el ecosistema marino. Los fragmentos de roca, al acumularse en las playas y zonas portuarias, han dificultado el acceso de los barcos, y en algunos casos han dejado varadas embarcaciones pequeñas. Además, su presencia puede afectar a los arrecifes de coral, que pueden sufrir daños físicos y alteraciones en su equilibrio ecológico por la abrasión y la reducción de la luz solar.

La explicación científica de este fenómeno radica en la composición química y física del magma implicado. Cuando el magma rico en gases entra en contacto con el agua fría del océano, se solidifica rápidamente y atrapa burbujas de gas, formando la citada roca porosa. Si la erupción es suficientemente violenta, la presión de los gases fragmenta el magma en millones de pequeñas piezas que flotan gracias a su baja densidad.

Desde el punto de vista histórico, las erupciones submarinas y la formación de balsas de piedra pómez han sido documentadas desde la antigüedad, aunque sólo en las últimas décadas, gracias a la observación satelital, se ha podido cartografiar con precisión su extensión y trayectoria. Estas balsas pueden tener efectos positivos y negativos: mientras que alteran las actividades humanas y los ecosistemas costeros, también pueden servir como vehículos para la dispersión de especies marinas, que aprovechan los fragmentos flotantes para colonizar nuevas áreas.

El seguimiento de la balsa de piedra pómez ha sido posible gracias a la cooperación internacional y al uso de tecnologías avanzadas de observación terrestre. Satélites como Landsat, Sentinel o las misiones Terra y Aqua de la NASA han permitido a los científicos rastrear la deriva de la balsa y alertar a las autoridades locales. Este tipo de vigilancia resulta esencial para minimizar los riesgos para la navegación y la economía local, así como para estudiar los efectos a largo plazo en los ecosistemas marinos.

Mientras tanto, la población de las islas afectadas trabaja para limpiar las costas y restablecer la normalidad en sus actividades diarias. Los expertos advierten que, aunque la mayor parte de la piedra pómez terminará fragmentándose y hundiéndose con el tiempo, es probable que sus efectos se prolonguen durante meses. Las autoridades han solicitado ayuda internacional para mitigar el impacto y proteger tanto la biodiversidad marina como los medios de vida de las comunidades dependientes del mar.

Este episodio recuerda la importancia de la vigilancia continua del planeta, especialmente en regiones volcánicamente activas y vulnerables a los cambios bruscos del entorno. El uso de satélites y tecnologías aeroespaciales, tanto por parte de agencias públicas como la NASA y la ESA, como de empresas privadas, está demostrando ser fundamental para anticiparse a desastres y comprender mejor fenómenos naturales de gran escala.

La ciencia y la tecnología espacial siguen demostrando su valor no sólo en la exploración del cosmos, sino también en la preservación y comprensión de nuestro propio planeta. (Fuente: NASA)